Miedo

Las oleadas de noticias que nos llegan estos últimos días desde los Estados Unidos me han puesto a pensar en lo extraño que es que el líder de un país grande, rico y poderoso se comporte como si estuviera en guerra con un invasor temible, cuando el continente entero está, o estaba, en relativa paz.

Hay miedo, mucho miedo. Los mexicanos pobres que cruzan la frontera buscando ganarse la vida (por cierto, en número cada año menor) son una amenaza que debe eliminarse a cualquier costo. No es posible abrir la puerta a quienes huyen de países en guerra porque el riesgo de que con ellos entren al país peligrosísimos terroristas es muy alto. El libre comercio es dañino, los musulmanes son malvados, etcétera. Y no se escucha a quien intenta desbaratar con hechos estas creencias.

El que así ve las cosas trata como enemigos a quienes no lo son en realidad. Puede ser que no se limite a montar una defensa innecesaria, y ataque en respuesta a alguna agresión que nada más él percibe. Si esto sucede en un hombre de natural bondadoso, como Don Quijote, el peligro para otros no es grande. Pero si ocurre en una persona arrogante que exige ser admirada, que se muestra incapaz de empatía, que está acostumbrada a explotar a los demás, que tiene un sentido exagerado de la propia importancia y vive ocupada en fantasías de éxito y poder ilimitados (tomé prestada del manual diagnóstico de la Asociación Psiquiátrica Americana la descripción del carácter narcisista), las cosas cambian. Habrá que evitar hacerse ilusiones de que entrará en razón, de que será posible convencerlo de que hay una vía mejor o “negociar” una solución que aproveche a ambas partes. Arrogancia, terquedad y miedo: espantosa combinación. Quien la reúne vive, verdaderamente, en los infiernos. En torno suyo prospera la discordia y se marchita la belleza.

En algún momento puede tocarnos la mala suerte de tener cerca a algún “narcisista maligno” (como llama el psicoanalista Otto Kernberg al narcisista falto de escrúpulos). ¿Qué hacer? En su novela Una saga moscovita, Vasili Aksiónov nos cuenta cómo logra la familia Grádov, a lo largo de tres generaciones, conservarse incólume durante treinta años de dictadura estalinista -Stalin era otro narcisista maligno-. Los Gradov saben que el horror puede engullirlos en cualquier momento, pero evitan mencionarlo para que no crezca más aún, y siguen adelante con sus vidas. En breve, lo que hacen para no morirse por dentro es cultivar el amor y la amistad, refugiarse en la música y la poesía, hacer bien su oficio cada uno y decir NO cuando el honor y la verdad lo exigen.

Así, frente al horror: No temas. Sé generoso. Atiende más a los detalles de tu vida que al último capricho del tirano. Y basta de oscuridad. La semana próxima volveré a tratar sobre la conservación de la vitalidad y la preservación de las vías dopaminérgicas.

 

 

 

 

3 pensamientos en “Miedo

  1. Gracias Elena por darnos un poco de contención con tus palabras. Me parece que todos estamos en un estado de miedo e incertidumbre que necesitamos de una madre suficientemente buena que contenga este miedo y tus palabras funcionan muy bien.

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