Frenar la cascada amiloide

Cerré la entrada anterior preguntándome si sería posible fortalecer la resiliencia de un cerebro envejecido mediante una intervención para reducir la soledad. Por resiliencia entiendo la capacidad del organismo para recuperarse de una lesión, o para seguir funcionando normalmente en situaciones de tensión. Mi pregunta, entonces, podría plantearse también de otra forma: ¿Hasta dónde puede un cerebro cargado de amiloide mantener un buen funcionamiento cognitivo? ¿Sería posible aminorar la acumulación de amiloide, si se impide que el individuo se hunda en la soledad?

En los cerebros de las personas que sufren de enfermedad de Alzheimer se encuentran siempre placas (acúmulos visibles al microscopio) de amiloide. La hipótesis de la cascada amiloide sobre el origen de esta enfermedad, que es la más aceptada hoy en día, afirma que estas placas inician una reacción en cadena que resulta en deterioro del funcionamiento celular, muerte neuronal, y menoscabo de las funciones mentales. Estos cambios son muy lentos, y se piensa que comienzan al menos 10 años antes de que las primeras fallas de memoria preocupen al enfermo. Si realmente los daños se deben a la acumulación de amiloide, eliminar éste podrá facilitar un retroceso de la enfermedad. ¡Pero siempre nos damos cuenta demasiado tarde!  Necesitamos identificar a los enfermos cuando apenas se inicia el proceso. Y no es práctico, ordenar tomografías por emisión de positrones como si fueran mastografías, cuando aún no tenemos un tratamiento de eficacia probada para la demencia tipo Alzheimer. Habría que averiguar quién está en peligro, de manera breve y poco costosa.

Por eso es importante el artículo de Donovan: estudió a individuos sin deterioro cognitivo, y encontró que la sensación de soledad guardaba una relación directa con la carga cerebral de amiloide. Si se reproduce el hallazgo, puede que el sencillísimo cuestionario que se usó para determinar si los participantes en el estudio se sentían lonely, y otros semejantes que exploran otros síntomas psiquiátricos, se conviertan en instrumentos de rastreo tan utilizados como el Mini-Mental State Examination.

Vuelvo a mis preguntas iniciales. ¿Puede un cerebro cargado de amiloide conservar un buen funcionamiento cognitivo? Sí. Ya lo sabíamos, y el artículo de Donovan lo muestra una vez más. Tal vez algunos de estos sujetos, los más resilientes, no lleguen a desarrollar demencia antes de morir a pesar de que llevan en su corteza cerebral  acúmulos considerables de amiloide. Hay una serie de factores que retardan el proceso neurodegenerativo. El ejercicio mental y físico, una dieta en la que no abunde el azúcar y una red activa y extensa de apoyo social son buenos para el cerebro. En cambio, la diabetes, la tensión emocional crónica y la depresión son muy malas, y propician el deterioro mental. Así las cosas, es razonable pensar que si logramos mediante algún tipo de psicoterapia impedir que la persona se sienta solitaria -de mala manera y sin desearlo-, estaremos fortaleciendo su resiliencia y retardando el proceso neurodegenerativo.

¿Disminuirían las cargas de amiloide? No hay estudios que intenten responder esta pregunta. No importa; seguiré intentando aliviar a mis enfermos de soledad. Con que se sientan mejor me basta. Así que ahora lo que me interesa es saber con qué tipo de intervención los ayudo más a regresar del aislamiento -o a no caer en él.

Continuará…

 

3 pensamientos en “Frenar la cascada amiloide

  1. Que alentadora es tu propuesta, los terapeutas podemos hacer algo para ayudar a que las personas salgan de su lonliness y esto ayudará a que no se deterioren sus procesos cognitivos. Me haces pensar en varias cosas, primero que la presencia constante del terapeuta ayuda a la persona a sentirse acompañado, la terapia ayuda a tener un mejor vínculo con los objetos buenos del paciente; sin embargo me topo con la dificultad de que la gente mayor sumida en la soledad acuda a terapia, mi pregunta sería: cómo atraer a esos pacientes a un proceso terapéutico?

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  2. Te recomiendo desde un vistazo al libro: “Cerebro de pan”. Yo hace años tras una colonoscopia y una pequeña diagnosis de colitis ulcerosa empezé a indagar sobre nutrición, al mes dejé de comer pan; poco después por la dieta paleo descubrí que en nuestro diseño tenemos problemas en asimilar glucoproteinas de los cereales (solo hay que pensar que las plantas ponen todo su esfuerzo en que sus semillas no sean destruidas). A parte de reducir muchísimo mi reactividad autoinmune, de manera que no soy esclavo del medicamentos antiinflamatorios, en base al libro que te comento, me pregunto que pasará cuando tenga 80 años respecto a posible demenencia senil o inicio de alzheimer como tuvo mi padre; ya que mi sistema neurológico habrá pasado una vida exenta de luchas con proteínas extrañas. Además soy paradójico, un mal estudiante en la adolescencia que se convirtió en un adicto a la lectura posteriormente por una insaciable curiosidad por todo.

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