La soledad en los últimos años de la vida

Es un lugar común que los viejos se van quedando solos. Desaparece su mundo poco a poco, mueren los amigos y el cónyuge, la movilidad física es más difícil. Sin embargo, muchos adultos mayores conservan la certeza íntima de pertenecer a un grupo de contemporáneos unidos por intereses comunes, o a un gremio, a un linaje o simplemente a la gran familia humana, aunque estén la mayor parte del tiempo a solas. Y otros, aunque están rodeados de una familia extensa que los respeta y los quiere, se sienten aislados e irrelevantes, muy lejos de la variedad y el colorido de la vida.

Es que la dolorosa sensación de vivir incomunicado o abandonado no depende solamente del apoyo social “objetivo” con que cuente la persona – ¿vive en pareja? ¿visita a sus familiares y amigos al menos una vez al mes? ¿participa en actividades deportivas o religiosas, o pertenece a alguna institución?-.  Importa mucho la capacidad que cada uno tenga para cuidar de sus amores y disfrutarlos: habrá quien responda a estas tres preguntas, y se sienta aislado. Y quien responda no a dos, y no se considere carente de apoyos.

Esta soledad que duele, tan distinta de la soledad del que busca escuchar mejor la voz del silencio, suele coincidir con una constelación fisiológica desfavorable: el sueño se fragmenta, el riesgo de deterioro cognitivo crece, la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal aumenta, el control de la respuesta inflamatoria se embota, la presión arterial sube… De ahí que las personas que se sienten aisladas (lonely, a solas de mala manera) tengan una salud quebradiza y una mortalidad mayor de la esperada para su edad. Además, desde el punto de vista psicológico, el aislamiento se alimenta a sí mismo y tiende a empeorar. El solitario se siente vulnerable y adopta una actitud suspicaz. Las interacciones negativas -del tipo sólo vienes cuando quieres pedirme algo, llevo horas esperando a que me llames y no te importa-  se multiplican. Los que quisieran acercarse terminan por huir de tantas quejas y reproches, mientras el solitario se queda chapoteando en su amargura. Si las cosas no cambian, en pocos años serán notorias la depresión crónica y el deterioro de las funciones mentales. De ahí el interés reciente por investigar si la sensación de soledad en un adulto mayor es un anuncio, muy temprano pero certero, de cambios cerebrales patológicos.

El mes pasado, la revista JAMA Psychiatry publicó un articulo sobre el tema. Nancy J. Donovan y su grupo se preguntaron si la carga de amiloide en la corteza cerebral, que es un marcador de la enfermedad de Alzheimer en su fase preclínica, guarda relación con la sensación de soledad (loneliness) en adultos mayores con función cognitiva normal. Encontraron que a mayor carga de amiloide, mayor era la frecuencia de sentimientos de aislamiento, exclusión y falta de compañía -independientemente del grado de apoyo social y de la presencia de síntomas de ansiedad y depresión. La asociación entre soledad y carga de amiloide era especialmente intensa en quienes tenían la variante e4 del gen APOE, y con ello un riesgo mayor de desarrollar enfermedad de Alzheimer. Esa sensación sutil de no encajar socialmente, de no experimentar como antes la cercanía afectiva, ¿será uno de los primeros síntomas de esta enfermedad?- se preguntan los autores. ¿O es más bien que el aislamiento promueve la acumulación de amiloide?

Una tercera posibilidad (que me gusta más) es la de una influencia recíproca entre lo que sucede a nivel molecular y la percepción que tiene la persona de su capacidad de relación social. Si me siento menos apta para entender la compleja interacción entre los miembros de un grupo y menos capaz de intervenir atinadamente, la reunión navideña de la familia extensa me traerá más tensión nerviosa que alegría. Estaré a la defensiva, lo cual me pondrá más tensa aún, menos espontánea. Y la tensión crónica, ya sabemos, tiene una serie de efectos biológicos que facilitarán más aún la acumulación de amiloide.

Una intervención para aminorar la soledad, ¿podría mejorar la resiliencia de un cerebro envejecido?  Continuará…

 

 

 

 

 

 

8 pensamientos en “La soledad en los últimos años de la vida

  1. Sabes Elena, hablar de la vejez inmediatamente provoca una serie de sentimientos desde miedo hasta ternura y compasión. La vida es una serie de pérdidas y entiendo que en la veje el cúmulo de las mismas genere una sensación de soledad, me pregubti que papel ocupa la manera de que se tuvo siempre de percibir y vincularse con el mundo con esta parte biológica que mencionas… un abrazo

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    • Myrna, comienza a ser posible describir en términos no solamente poéticos o psicoanalíticos cómo quien lleva consigo objetos internos (psíquicos) totales y constantes cuida mejor de sí mismo y tiene mejor salud mental y física. Y también “a better capacity to be alone, without being lonely”(creo que esto no puede decirse brevemente en español).

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      • Sin duda no hay traducción justa en español. Entonces podríamos decir que cuando hay un objeto bueno fuertemente internalizado también se expresa en una vejez mejor llevada e incluso en la capacidad de disfrutarla y no sentirse lonely?

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  2. Hola Elena,
    pienso que la soledad en ocasiones es buena y se busca y desea, como bien dices en el texto para “escuchar mejor la voz del silencio”. Lejos de esto, es un sentimiento no ya de nuestros tiempos, sino antiguo, pretérito, tanto que ya desde la prehistoria cuando se era rechazado del grupo o de la manada -en el caso de los animales- al que se pertenecía, se aislaba. Si no estoy equivocado, y si no me corriges, era considerada una variante de la depresión algo que ahora no parece sustentarse.
    También habría que diferenciar entre soledad y aislamiento, ya que este último sería más debido a un rechazo social, aunque al final, ambas pueden derivar a ese estado de autodefensa e incluso de violencia en la misma persona.
    Un abrazo y me encanta leerte.

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  3. FJ, en inglés hay palabras diferentes para referirse a la soledad buena y a la mala. “Solitude” que es la que buscan los ermitaños, los filósofos, y Lope de Vega cuando decía:
    A mis soledades voy,
    de mis soledades vengo,
    porque para andar conmigo
    me bastan mis pensamientos…
    “Loneliness”, en cambio, es la de quien anhela dolorosamente una compañía que no tiene. No encontré equivalentes en español y por eso acabé usando “aislamiento” para referirme a la mala soledad (con plena conciencia de que no son exactamente lo mismo).
    En los últimos años ha surgido el interés por diferenciar claramente “loneliness” y depresión. Ya no los consideramos equivalentes.

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  4. Pingback: Frenar la cascada amiloide | diasdeandar

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