Psilocibina

Hace unos días, el Journal of Psychopharmacology de la Asociación Británica de Psicofarmacología publicó un par de estudios sobre el uso de la psilocibina (ingrediente activo de los hongos alucinógenos, agonista de los receptores 5HT2a) en el tratamiento de la depresión. Ambos estudios, de acceso libre en la red, se llevaron a cabo en Norteamérica, en grupos relativamente pequeños de enfermos de cáncer – 80 sujetos, en total – que sufrían también depresión y ansiedad. Los resultados, en cuanto al abatimiento de los síntomas psíquicos , fueron mucho mejores que los que suelen obtenerse mediante el uso de los antidepresivos comunes. La mejoría fue inmediata, se sostuvo a lo largo de varios meses, y ocurrió en 80% de los sujetos. Con los antidepresivos comunes, la respuesta en pacientes con cáncer es de alrededor de 40%, no mejor que la que se obtiene al dar un placebo.

Los dos grupos de investigadores dan una gran importancia terapéutica a la “experiencia mística y espiritual” propiciada por la psilocibina. Le atribuyen la aceptación de la muerte próxima, la reducción de la ansiedad y la mejoría en bienestar y optimismo observados en estos enfermos. Ross y sus colaboradores hablan incluso de mecanismos psico-espirituales: el hallazgo de una correlación significativa entre la magnitud de la experiencia mística y la remisión de la depresión los lleva a proponer un mystical state of consciousness como mediador (entre otros varios) del efecto curativo de la psilocibina.

Pero ¿qué entienden estos señores por “experiencia mística”? En este tipo de estudios no se da importancia a nada que no haya sido medido. ¿Cómo midieron la espiritualidad y la experiencia mística?

Leyendo con mucho cuidado la sección de Métodos, como me enseñaron en Copenhague, descubrí que hay una serie de escalas desarrolladas a lo largo de los últimos 25 años para medir el bienestar espiritual, el temor a la muerte, la desmoralización, la desesperanza, la trascendencia y, también, la experiencia mística (las referencias pueden consultarse en los artículos de Ross y de Griffiths, de acceso libre). Entendamos que no se intenta traducir estas experiencias a gramos o centímetros, sino establecer un lenguaje común que permita a los investigadores entenderse y comparar entre sí las vivencias de los enfermos.

Las escalas son muy sencillas. La más empleada para valorar el bienestar espiritual (FACIT-Sp 12) fue diseñada para usarse en enfermos graves. El sujeto responde, en una escala de 0 a 4, qué tan de acuerdo está con afirmaciones como Me siento en paz, tengo una razón para vivir, mi vida ha sido productiva, estoy en armonía conmigo mismo, encuentro consuelo en mis creencias. 

En cambio, el Mystical Experience Questionnaire (MEQ 30) se redactó específicamente para investigar los efectos de la psilocibina. Este cuestionario pide al sujeto que indique, en una escala de 0 a 5, en qué grado ha experimentado fenómenos como la fusión del  yo con un todo más grande, la unión con todos los seres vivientes, la certeza del hallazgo de una realidad última o la sensación de hallarse fuera del tiempo y el espacio. Los enfermos en los que estas vivencias fueron más intensas tuvieron también una mayor ganancia en bienestar psíquico, que perduró a lo largo de las 28 semanas de seguimiento.

¿Por qué? Aún no podemos explicarnos en términos neurobiológicos lo ocurrido. Ciertamente, quienes viven en paz, armonía y unión con todos los seres, en la íntima convicción de que han hallado una realidad última, están muy lejos del infierno helado de la melancolía. Pero ¿cómo alcanzar ese estado, sin recurrir a una sustancia de acceso difícil y manejo incierto?

No pienso prescribir hongos a mis pacientes. Prescribo mindfulness: me consta que quien practica la meditación con paciencia y constancia se acerca a estas vivencias poco a poco.

 

 

7 pensamientos en “Psilocibina

  1. Querida Elena
    Como siempre un placer leerte, interesante el estudio y coincido contigo, como profesional de la salud no podemos recetar hongos :)
    Me parece que hoy en día la búsqueda de una paz interior es una queja que escuchamos muy a menudo en el consultorio, no sé si tenga que ver con la tecnología, la prisa con la que vivimos, la exigencia material que dificulta tener la paciencia para un trabajo interno como la práctica de mindfulness o una terapia introspectiva. Que opinas?

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    • Creo que vamos contra la corriente. Al pedir que se vuelva la mirada hacia adentro y se atienda al fluir de la vida en sus aspectos más elementales -respiración, percepciones, emociones, pensamiento- vamos contra la corriente. Contra la exigencia de consumir para sostener la economía, contra las ficciones de la publicidad, contra la ilusión de las soluciones fáciles y rapidísimas. ¡Pero nos va la vida de por medio!

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      • Sin duda, me parece doloroso…… pero aquí seguiremos como salmones ayudando a quien tenga la voluntad de hacerlo. Un abrazo grande !!

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  2. Hola Elena, una vez más, interesante la información y más aún la consiguiente reflexión.
    Ya CG Jung indicó que las personas animadas por creencias religiosas tenían un plus especial para la resolución de problemas mentales (dejando aparte problemas derivados de una creencia mal entendida…). Los avances de la neurociencia actual van aportando sustrato material a determinadas vivencias psicológicas, por ejemplo la activación de determinados núcleos neuronales y circuitos de recompensa ligados a sentimientos de amor, sexo, etc. También parece que las experiencias religiosas tienen su reflejo neuronal, lo que no cuestiona en absoluto la espiritualidad sino más bien al contrario, la refuerzan dotándolas de un sustrato anatómico y funcional.
    Muchas veces, la crisis vital de una enfermedad grave desencadena un proceso de transformación profunda del ser que incluye cambios espirituales como los que se evalúan en las escalas citadas. A este respecto, estoy de acuerdo contigo en que, de no ser así, parece más razonable inducir la generación de una visión abierta y trascendente de la vida por medios naturales y controlables (mindfulness, compasión, bondad, valores, coherencia, aceptación…) que no una inducción artificiosa (psilocibina) que si no se acompaña de un proceso sincero, profundo y prolongado de transformación será incapaz de arraigar y sólo servirá para confundir al paciente.
    Sin embargo, me cabe alguna duda (si es que la investigación sobre el hongo lo permite) sobre su utilidad para facilitar el inicio de un proceso de cambio espiritual, siempre que el paciente lo requiera. Algo así como los antidepresivos y/o ansiolíticos en algunos procesos psicoterapéuticos.

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  3. He escuchado a muchas personas que usaron hongos, peyote o LSD sin ninguna intención de vivir una experiencia mística, sino por curiosidad, por divertirse o para conocer un “modelo experimental de la psicosis”. Y hablaban de su “viaje” como de una excursión a Disneylandia o de una lección vivencial de psiquiatría, aún cuando decían haber sentido la fusión con el todo, la unión profunda con animales y plantas o la interrupción del flujo del tiempo. Es decir: tuvieron lo que la MEQ 30 calificaría como una experiencia mística intensa, pero sin reconocerla como tal.
    Los enfermos que participaron en estos dos estudios se sabían cercanos a la muerte. Creo que el hallarse en ese momento de crisis vital les facilitó el conferir un sentido espiritual a los efectos de la psilocibina.

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  4. No tengo nada contra los hongos, ni los comestibles ni los inyectables (penicilina, quiero decir), pero resulta triste (aunque lógico) acabar la vida con lo que suena a un último engaño inducido por un fármaco.

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