La Llegada

Hace unos días fui a ver La Llegada (The Arrival), esa película de ciencia-ficción en la que hay, además de extraterrestres de simetría radial y con siete extremidades, una hermosa parábola sobre la comunicación y sobre el modo de representarnos nuestras vidas. Está basada en un cuento de Ted Chiang titulado The Story of  Your Life, y di con ella gracias a una reseña en la revista Science.

La protagonista es Louise Banks, una doctora en lingüística a la que se pide que interprete el heptapodés. Las sonoridades ásperas de este idioma extraterrestre no podría reproducirla una laringe humana, ni captarla íntegramente nuestro oído, de manera que Banks decide concentrar sus esfuerzos en las delicadas volutas flotantes del heptapodés escrito. Pronto descubre que los caracteres que los heptápodos le envían han de disponerse en círculos o espirales, y no representan sonidos ni conceptos, sino actos. En un idioma así, las secuencias temporales y las relaciones causa-efecto centrales a nuestro pensamiento no son relevantes. En cambio, la simultaneidad de los acontecimientos se expresa maravillosamente. El ejemplo clásico de un sistema de escritura como éste (que en lingüística se llama semasiográfico) es la notación musical.

Pasan las semanas. Banks se enamora de su nueva herramienta lingüística y la maneja mejor cada día. Con su equipo, ha compilado un diccionario del heptapodés escrito que facilita muchísimo la comunicación con los extraterrestres. Mientras militares y gobierno hacen lo suyo -organizar la defensa ante un posible ataque, poniendo en riesgo la comunicación amistosa- Banks vive una extraña aventura interior conforme sus recuerdos se reordenan, y aparecen no ya en secuencias lineales sino agrupados en torno a leitmotiven a la manera musical. Es que las conversaciones cotidianas con los heptápodos le van dejando huella: ha comenzado a pensar y soñar en heptapodés. Le sorprenden sus premoniciones, tan nítidas como sus más preciados recuerdos. Es como si tuviese acceso a un Aleph borgiano, no geográfico sino temporal, que le permitiera abarcar su propia historia en todo detalle y de un vistazo. Esa era el arma o herramienta que los extraterrestres decían querer donar al ser humano.

Fuera del ámbito de la fábula, ¿sería posible una experiencia semejante?

Parece que sí. La experiencia de Banks me hizo recordar una descripción de Mozart de su propio proceso creativo, citada por Nancy Andreasen en su libro The Creative Brain: The Neuroscience of Genius. Mozart decía que cuando tenía en mente, casi completa, una nueva obra, llegaba un momento en que podía escucharla imaginariamente no de manera sucesiva, sino toda a la vez – gleich alles zusammen – como si contemplara una pintura. Después, muy contento, se ponía a transcribir de memoria lo que había escuchado, sin tener que añadir o cambiar casi nada.

Cuando los extraños visitantes desaparecen, Banks sabe lo que le queda por vivir y también que no querría alterar su historia en lo más mínimo. La vida ha de ser vivida paso a paso y en todos sus misterios, gozosos o no. Felices los que pueden abrazarla completa, aceptándola de lleno.

Salí del cine con una profunda sensación de alegría.

5 pensamientos en “La Llegada

  1. Hola Elena,
    no he visto la película aunque he leído buenas críticas de ella. Pienso que aún estamos a años luz de entender otras maneras de comunicación, digamos… clásicas. Me hiciste recordar el enigmático Manuscrito Voynich fechado en el siglo XV que guarda tan celosamente la Universidad de Yale en su “Biblioteca de libros raros y manuscritos” y del que los expertos no son capaces de descifrar su texto, origen y significado. No sé, misterios hay muchos, pero al final la ciencia acaban explicándolos.
    Un saludo

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  2. “Entonces, como un relámpago, todo vino a mí: Corrientes, flores, colinas; las distantes montañas de nieve a un lado y el azul del Mediterráneo al otro; el combate entre armadas hace mucho tiempo, en ese mismo lugar donde yo estaba ahora, el contraste entre las ruinas y el pastor. Y luego, súbitamente, volví a la realidad. En ese espacio de tiempo había compuesto la obertura; lo demás fue solo transcribirla”. Elgar, a propósito de “In the South” (Alassio)

    Interesantísimo. Pensar sólo con verbos simultáneos. Puede que los bebés piensen/sientan así. Y recuerdo a Kundera, que hablaba del tiempo circular de los perros.

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  3. En el cine me centré más en el aspecto ciencia-ficción, pero encantado de ver que por primera vez se usa la lingüística como indagación para un posible contacto con seres vivos de otra lugar y no una peli de invasiones y prepotencia humana. Ahora al volverla a ver y buscando la palabra esta divicil de recordar: semasiográfica, encuentro este artículo. Diré que el ser humano solo se conoce a si mismo a través de la conciencia, la mente interviene por en medio como un niño juguetón, si hay una completud que cierre círculos en una vida temporal solo es factible de un darse cuenta a través de la conciencia; algo que conecta la psicología, la neurociencia, la filosofía, la física que estudia el universo, etc etc. El misterio no es solo que exista el universo sino que estemos observándolo. La película es preciosa, y ese aporte de la lingüística es lo que hace me fascine el género desde que era pequeño; posiblemente me parecía que hay más comunicación en el silencio del espacio que en el ruido de la atmósfera de este planeta tan invadido por seres humanos. No conocía ese dato sobre Mozart, bueno hay tantos datos que sigo reuniendo en este círculo que es la vida ;)

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