LifeSpan

Qué falta me hacía la pausa del fin de semana. Las conferencias de los cinco días anteriores han sido un intenso ejercicio de zoom in, zoom out: acercamiento al nivel de la mitocondria, pasando después el funcionamiento del cerebro o del músculo estriado, y luego a la conformación de grupos sociales que tienen por fin mejorar la salud de la persona. Y vuelta a mirar lo infinitamente pequeño, en los cambios epigenéticos propiciados por el estrés o por cierto tipo de entorno prenatal.

También hemos buscado en el adulto mayor las huellas de lo vivido, escritas en el estado de su cerebro y de sus músculos, y en las señales de inflamación a fuego lento presentes en el plasma (se llaman citokinas). Hay marcas que provienen de la etapa intrauterina, como los cambios epigenéticos que facilitan la sobrevivencia en un entorno de escasez y que, si el individuo se muda a un entorno de abundancia, propiciarán el desarrollo de obesidad y diabetes. Otras marcas, que tienen que ver con la presteza con que el sistema nerviosa monta una reacción de alarma, se inscriben en los primeros meses de vida y corresponden al patrón de apego (esto es de mi cosecha; no se ha hablado aquí de desarrollo infantil en esos términos). La calidad de la dieta y el grado de actividad física en las dos primera décadas de la vida tendrán un papel crucial en la composición del cuerpo, en lo que a tejido muscular y tejido graso se refiere. Alcanzamos la cúspide del desarrollo biológico alrededor de los veinte años, edad a la que, según Westendorp, pensamos nomás en emparejarnos y hacer bebés. Los mecanismos de reparación del DNA funcionan muy bien durante los siguientes veinte años, que en la mayoría de las personas son años de buena salud. La quinta década de la vida trae consigo un lento declinar, y después de los 50 años es evidente que envejecemos. La primera enfermedad crónica (hipertensión, diabetes, artritis, coronarias) suele aparecer entonces.

No existe un programa genético para envejecer. Lo que sucede es que, llegados a la edad en que nuestros hijos han alcanzado la madurez sexual, ya no hacemos falta, y no hay para qué mantener los costosos mecanismos de reparación funcionando como antes. El cuerpo sucumbe poco a poco ante los embates del ambiente: radiación solar, sustancias tóxicas en los alimentos o en el aire, el estrés ante un duelo que puede alterar profundamente el sueño y la homeostasis hormonal. Y es que desde el punto de vista evolutivo, no es necesario mantener en condiciones óptimas un cuerpo que ya se reprodujo. Así dice la disposable soma theory, o teoría del soma desechable.  Escucharemos a su autor, Tom Kirkwood, la semana próxima.

También la semana próxima habremos de abandonar la contemplación para poner los pies en la tierra. Elegiremos un tema concreto, y métodos de estudio que arrojen datos precisos, de los que se llevan bien con las plantillas de Excel. Para mí, toda una novedad. Haré equipo con una estudiante de maestría en salud pública de la Universidad de Beijing.

Por estos mismos caminos corrió hace unos años el proyecto LifeSpan,  dedicado al estudio del desarrollo y el envejecimiento. La liga que dejé lleva a un corto de 12 minutos titulado Senex, que presenta en formato de comedia a los investigadores principales de LifeSpan (allí está Westendorp) y sus temas. Por cierto, termina con un llamado a la aventura. Una aventura tan decisiva como la que ahora enfrento.

 

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El hospital de Bispebjerg, en donde Monika Bayer nos enseñó cómo se evalúa la fuerza muscular.

 

 

6 pensamientos en “LifeSpan

  1. Hmmm, me haces pensar. ¿Y si el cuerpo no se reprodujo? ¿Y si el cuerpo nunca tuvo la capacidad de reproducirse? ¿Envejecen antes los cuerpos que no tienen capacidad de reproducirse?
    Y ahora, lo importante: Kirkwood se llama la calle donde vivo.

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  2. Qué interesante… me llama mucho la atención esto de las marcas que se desarrollan en la temprana infancia y me pregunto si eso también tendrá que ver con la resiliencia. Yo coincido contigo que el apego tiene que tener efecto en el envejecimiento. Porfavor sigue compartiendo. Besos

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  3. Myrna, estoy estudiando la cuestión de la resiliencia para mi curso y me encuentro con que hay muchas publicaciones, muy recientes, sobre los efectos de las experiencias tempranas en la susceptibilidad a enfermedades, somáticas y mentales. Algo habrá que escribir…

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