Pabellón número seis

Releí la semana pasada el relato de Chéjov, en la hermosa traducción de Ricardo San Vicente. Pabellón número seis contiene una doble advertencia para quienes nos dedicamos a los trastornos psíquicos:  no se te olvide que estás tan loco como tus locos, no te acerques demasiado a ellos o acabarás igual.

Porque si no te acuerdas de tu propia locura, no entiendes nada de lo que te cuentan. Y si no sabes tomar distancia del sufrimiento, pierdes de vista las soluciones posibles. Así trabajamos, en un perpetuo movimiento pendular que se afina con los años de práctica. Entre residentes de psiquiatría, cuando menos en mis tiempos, no era raro soñar que se quedaba uno encerrado con sus pacientes en el pabellón, sin llave de la puerta ni manera de pedir ayuda.

Pero esta vez me llamó la atención el fracaso vital del protagonista. Andrei Yefímich Raguin, el médico protagonista de esta historia, va dejando pasar los años sin echar raíces en la vida, envuelto en una niebla de excusas dizque filosóficas para su pereza. No se enamora, no lucha, apenas conoce a su único amigo. Su caudal de experiencia, en lugar de ensancharse, languidece y se atrofia por falta de ejercicio psíquico.

Chéjov no nos dice qué edad tiene su personaje. Pero sabemos que Raguin ha llegado a la época en que puede ocurrir una apoplejía: tal vez hacia el final del relato va entrando en sus cincuentas. En 1896, en Rusia, la expectativa de vida al nacer de un varón era de apenas 30 años; el mismo Chéjov falleció a los 44. Para su época, pues, Raguin ha alcanzado una edad avanzada en un estado de fragilidad psicológica extrema, aunque su cuerpo es fuerte aún; es esta falta de energía anímica lo que lo pone a las puertas de la muerte.

¿Qué haría yo, si viniese Raguin a pedirme ayuda? ¿Qué tipo de ejercicio espiritual habría que prescribir para evitarle un final tan triste? Me habría gustado encontrarlo cuando aún atendía consultas y cavilaba en qué bueno sería traer más limpieza y aire fresco a las salas de su hospital, cuando tenía fama de adivinar a la perfección las enfermedades. Alentarlo a que enfrentara a los celadores, las enfermeras, la gente de la cocina, sin doblegarse ante ellos antes de dar batalla. Recordarle que el médico que conforta y acompaña ya ha cumplido con buena parte de su misión -aún cuando su enfermo no recobre la salud.

Pero, al igual que sucede si recomiendo natación o caminata para prevenir el deterioro cardiovascular, la decisión de cambiar de vida la tiene el paciente mismo; nos toca nada más indicar el camino. Uno se enoja cuando persisten en hacerse daño – son libres, qué le vamos a hacer. Hay quien escoge morirse en un pabellón número seis.

 

9 pensamientos en “Pabellón número seis

  1. Hola Elena,
    qué difícil es acordarse de la propia locura de uno y a la vez distanciarse de la de los demás. Sinceramente, yo no podría hacerlo. Recuerdo cuando estudiaba la asignatura de Psiquiatría en la Facultad de Medicina… es que lo tenía todo. Desde un TOC hasta un trastorno de la personalidad ¡Ja, ja, ja! En fin, imagino que ejercer vuestra especialidad es algo que no está al alcance de todo el mundo, yo no podria.
    Un abrazo

    Me gusta

  2. Francisco, el campo de la medicina es enorme. Caben personalidades de todo tipo. Uno encuentra la forma de convertir las propias fallas en instrumentos de trabajo – a los psiquiatras se nos da muy fácil eso de contemplar la vida desde la orilla, observando a los demás en lugar de involucrarnos activamente. El riesgo de acabar como Raguin está siempre allí. ¡Un abrazo!

    Me gusta

  3. Sin duda lo que hace de nuestra profesión tan desgastante es este ir y venir con nuestros propios fantasmas y los del paciente, entrar y salir, pero también lo hace fascinante. Me identifico mucho con lo que mencionas: el enojo, impotencia y frustración que nos da ver a nuestros pacientes con esa parte suya que se resiste a cambiar y verlos cómo se dañan….. en lo personal es la parte que más trabajo me cuesta de nuestro quehacer clínico. Voy a leer sin duda la vida de Raguin. Saludos

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s