La cura de los recuerdos enfermos

Nunca me regalaban nada en mi cumpleaños.

Mi familia jamás me apoyó.

La gente siempre me rechaza.

Todo me sale mal.

En frases como éstas, que todos hemos escuchado en boca de quien está pasando por una mala racha, se asoman esa preferencia por los recuerdos negativos y esa tendencia a generalizarlos, tan propias de la depresión.  Se elige rememorar lo que salió mal, sin atenuantes y como si las cosas fueran a ser siempre así. Todo, siempre, nunca. Las historias de los días buenos con los detalles que los hacen únicos parecen haberse perdido. En consecuencia, el recordar alimenta la desesperanza y se empobrece el repertorio de soluciones a los problemas cotidianos.

Esta memoria demediada no sólo es característica de la depresión, sino que además predice su curso: quienes evocan menos recuerdos específicos tienen más síntomas depresivos a lo largo de las semanas siguientes. Cuando escucho a un paciente narrar su historia, pongo mucha atención a lo que sus palabras me evocan: hay quienes me hacen presenciar lo ocurrido, hay quienes parecen haber vivido entre sombras informes porque sus palabras no muestran sino laberintos desabridos y grises. Los relatos más sabrosos, claro está, son los que llevan más recuerdos específicos. Específico, para los investigadores, es el recuerdo tipo Proust, que devuelve a su protagonista los colores, sonidos y sensaciones de antes. Me veo en el patio de mi escuela primaria, vuelvo a sentir el fresco de la sombra de un árbol, evoco el timbre que anunciaba el fin del recreo. En cambio, si pido a un enfermo que me hable de su primer colegio y me dice “era una escuela que estaba en tal calle, un edificio sin nada especial”, y no se interesa en ampliar su relato, habré de tomar nota: “predominan los recuerdos genéricos”. Mal augurio.

Me da gusto presenciar esos viajes al pasado de quienes me cuentan su historia colmándola de sensaciones y emoción, porque son indicio de que los hipocampos del narrador no ha sufrido aún los daños que causan el estrés y la depresión cuando duran mucho tiempo. Afortunadamente, estos cambios son reversibles en cierto grado, al remitir la depresión y la ansiedad. Teniéndolo en cuenta, hay investigadores que se han ocupado en investigar si al trabajar directamente con los recuerdos del enfermo puede acelerarse la remisión de la melancolía.

El equipo de Tim Dalgleish (Cambridge, UK) ha publicado a lo largo de los últimos años una serie de artículos sobre la terapéutica de la memoria, en los que describe el desarrollo de variedades de psicoterapia dirigidas a combatir las dificultades que tienen con sus recuerdos los enfermos de depresión; las pruebas clínicas para evaluar su eficacia están en curso. El method-of-loci ayuda a construir un palacio de la memoria, a la manera de los mnemonistas de hace dos mil años, para resguardar los recuerdos más preciosos y facilitar el acceso a ellos. El Memory Flexibility Trainig intenta devolver a la memoria y a la atención la capacidad para zafarse de los pensamientos circulares negativos, que son típicos de la depresión y contribuyen en mucho a perpetuarla, y también promover un flujo más libre entre los diversos tipos de recuerdos. Hay otro tipo de intervención, la Memory Specificity Training, en la que se entrena al enfermo para que genere voluntariamente recuerdos específicos.

¿Resultarán efectivas estas intervenciones? Los reportes de las investigaciones que nos lo dirán no se han publicado aún. Sin embargo, quienes trabajamos con personas hundidas en la depresión hacemos, desde siempre, ejercicios de flexibilidad y especificidad de la memoria cuando llevamos de la mano al enfermo a evocar los momentos buenos de su historia. No todo salió mal, no siempre has estado triste, nunca se te cierran todas las puertas. Quien recupera la esperanza ha salido ya del infierno de la melancolía.

 

 

5 pensamientos en “La cura de los recuerdos enfermos

  1. Querida Elena, gracias por esta segunda parte! Los terapeutas trabajamos con la memoria y con el contenido y afecto de los recuerdos; lo que hablas de lo que te evocan los recuerdos de los pacientes, la contra trasferencia, sin duda una herramienta valiosa para el diagnóstico, lo es también para el pronóstico, me pregunto qué pasará en esa ínter subjetividad que ayuda al paciente s recobrar los buenos recuerdos y salir del espiral de la depresión .

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    • Yo creo que se vuelve uno testigo de que el otro es no sólo alguien triste, sino también alguien sabio, o hermoso, o muy listo, o muy hábil para el deporte, o cualquier cualidad positiva que aparezca en la historia que entre los dos reconstruyen. Every cloud has a silver lining!

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      • Dirías que al encontrar en ese espacio creado por los dos las cualidades “olvidadas” es lo que ayuda a recuperarlas? A mí me parece que sí y entonces nuestra labor es maravillosa!

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  2. Hola Elena,
    ¡cuánto aprendo con tus entradas! Esos viajes al pasado son nuestra esencia, depresiva o no. Somos lo que fuimos y seremos lo que somos. Puede que recordemos más unos que otros, pero en mi entender, y ya sabes que no soy experto en la materia, los positivos siempre superan a los negativos. Bueno, casi siempre. ;-)
    Abrazos

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