Los buenos recuerdos

 

Cuando recordamos algo que nos ha pasado, reproducimos en el momento las sensaciones, las ideas, las emociones de entonces – y añadimos un poquito de lo que el presente trae consigo. Ningún recuerdo es exactamente igual, aunque intente revivir el mismo suceso. Somos editores perpetuos de nuestra propia biografía.

En tiempos difíciles nos arrimamos al calor de los buenos recuerdos: al llamarlos evocamos también la alegría de haber vivido un gran amor, de haber logrado algo muy difícil, de haber visto de cerca algo muy bello. No soportaríamos los reveses de la vida sin el auxilio de la memoria, y la capacidad de usarla como fuente de consuelo es una señal importantísima de salud mental. Pareciera que no hacemos mucho caso de la memoria mientras no nos falla, pero en realidad le damos tanto valor como a la vida misma: quienes creen en la inmortalidad del alma la imaginan como la prolongación hacia la eternidad de la memoria autobiográfica, y cuando llamamos muertos en vida a los enfermos de Alzheimer nos referimos a la destrucción de sus recuerdos personales.

Pero no nada más la edad y las enfermedades neurodegenerativas ponen en jaque a la memoria. La depresión profunda a cualquier edad se acompaña de fallas características en la memoria episódica (autobiográfica): el enfermo pierde el acceso a sus buenos recuerdos, pierde la capacidad de evocar afectos y sensaciones felices. No olvida el hecho en sí, pero no siente nada cuando rememora los días felices de su vida -o incluso se siente peor, porque les mira nada más el lado malo. Por ejemplo, una mujer melancólica podrá recordar el nacimiento de su primer hijo y no olvida que fue un bebé sano y hermoso, pero no siente nada al evocar estos hechos, que además acuden a la memoria sin relieve y sin detalles o acompañados nada más de las notas negativas – como la ansiedad de no tener leche, o las molestias físicas después del parto-.

Estas anomalías de la memoria han sido clasificadas en cuatro categorías: la preferencia por los recuerdos negativos, el difícil acceso y la pobre respuesta a los recuerdos positivos, la tendencia a producir recuerdos genéricos sin detalles personales, y la propensión a caer en rumiaciones de culpa y desgracia. Cada época ha tenido observadores de la vida humana interesados en la melancolía, así que tanto los ascetas del siglo XVI como los psicoanalistas de 1950 reconocerían de inmediato la descripción que ofrecen los expertos de hoy, aunque hubieran catalogado las fallas de otra manera. Lo que nuestro Zeitgeist ha añadido es la curiosidad devoradora por contemplar los movimientos del alma traducidos en corrientes nerviosas, circuitos neuronales más o menos alerta, y grados de activación de ciertas regiones cerebrales.

Así, mediante la resonancia magnética funcional (esa técnica que permite detectar los cambios que ocurren en diferentes regiones cerebrales cuando, al ponerse en actividad, reciben mayor riego sanguíneo), se ha mostrado que los cerebros de los melancólicos se comportan de diferente manera al recordar. Estos métodos de estudio, organicistas a todo trance, corren al parejo con una revaloración de la psicoterapia, concebida ahora como una excelente manera de fortalecer determinadas funciones cerebrales. Por ejemplo, Tim Dalgleish (Cambridge, UK) ha integrado a la psicoterapia de la depresión ciertas técnicas dirigidas a remediar las fallas en la memoria propias de la melancolía, inspiradas en los palacios de la memoria de los oradores de hace dos mil años.

Continuará…

 

 

 

 

10 pensamientos en “Los buenos recuerdos

  1. Como siempre interesantísima tu entrada. La pérdida de memoria de la melancolía tiene que ver con una disociación de los afectos agradables? Como una manera de seguir este espiral descendiente? A mí me parece que sin una psicoterapia, una depresión no es tratada del todo y las probabilidades de recaer son mayores. Un abrazo.

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  2. Qué interesante, Elena, esta entrada. Es tan difícil entender las razones de un depresivo…
    Profundizaré en el conocimiento de estas propuestas terapéuticas tan esperanzadoras, quiero saber más de esto. Gracias por los enlaces que proporcionas y por crear tan apetecibles expectativas en relación con lo que aún está por llegar en próximas entradas.
    Felicidades y gracias por tu blog, tan lleno de humanidad y de ciencia.
    Un cordial saludo

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  3. ¡ “Ejercicios para el alma”, qué expresión más hermosa y descriptiva! Muchas gracias Elena por tratar de manera tan notable temas que son sumamente interesantes y que a todos, de una forma u otra, nos pueden afectar directa o indirectamente.
    Un abrazo.

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