Telómeros

Tenía ganas, desde principios de diciembre, de escribir sobre la fugacidad de la vida y la evanescencia de este cuerpo que habitamos, hecho de moléculas que no cesan de desbaratarse y reconstruirse a sí mismas, cuando me encontré en Science con una colección de artículos sobre envejecimiento, titulada Why we Age, por qué envejecemos. Uno de ellos, que trata sobre la biología de los telómeros, está firmado por Elizabeth Blackburn,  Nobel de Medicina 2009 por el descubrimiento de la enzima telomerasa.

En el artículo de Blackburn hay buenos ejemplos de este continuo tejer y destejer que nos mantiene con vida. Los telómeros son tramos de DNA repetitivo y no destinado a ser traducido, que cubren los extremos de cada cromosoma y protegen el DNA genómico, evitando que éste quede como cabo suelto y sea reconstruido o removido por la maquinaria celular de reparación del DNA. Cada vez que una célula se divide y el DNA se replica, los telómeros pierden un segmento; más allá de un tamaño mínimo, la célula deja de dividirse y envejece. Se sabe además que en el ser humano el tamaño de los telómeros disminuye conforme avanza la vida: de ahí el enorme interés que hubo hace unos años en investigarlos como posibles marcadores de la edad biológica del individuo. Incluso comenzó a ofrecerse al público, de manera comercial, la medición de los telómeros. A mayor edad, menores telómeros, menor potencial de las células para dividirse y menos años por vivir, se pensaba.

Pero pronto se vio que, aunque sucede así en el laboratorio con ciertas líneas celulares que dejan de multiplicarse en cultivo cuando sus telómeros han alcanzado un tamaño crítico, en el organismo viviente las cosas son mucho más complejas. Las células madre encargadas de reproducirse para sostener la renovación constante de ciertos tejidos -como los que componen el sistema inmune y los que cubren el interior del tubo digestivo- mantienen en forma sus telómeros mediante la telomerasa, enzima encargada de repararlos añadiendo los segmentos faltantes. La integridad de los telómeros depende, pues, de la acción de la telomerasa, que a su vez está sujeta a un control muy estricto -si esta enzima se desboca y permite a la célula multiplicarse sin freno, lo que resulta es un cáncer.

Sabemos que en el ser humano el tamaño de los telómeros en los leucocitos, que son células del sistema inmune presentes en la sangre, responde a factores como el nivel de estrés a que está sometido el individuo, la calidad de su dieta y de su sueño o la cantidad de ejercicio que suele hacer.  Los leucocitos no se dividen, de manera que el tamaño de sus telómeros nos interesa como indicio del grado de envejecimiento de las células madre que les dan origen. Cuando son muy cortos hay un riesgo mayor de enfermar, lo mismo de un resfriado que de diabetes o de coronarias.

Sin embargo, mientras más a fondo se mira en la lista de referencias del artículo de Blackburn, más trabajo cuesta encontrar alguna fácil certeza (más allá de un simple lo que es bueno para la salud, mejora la expectativa de vida). En el ser humano hay, desde el momento del nacimiento, una variación muy grande entre individuos en el tamaño de los telómeros; parte de esta variación está determinada genéticamente, parte proviene de la respuesta del organismo a ciertas condiciones de la vida intrauterina, o incluso de la edad que el padre de la criatura tenía al momento de la concepción. La exposición a maltrato o violencia durante la niñez y el tabaquismo en la edad adulta no son buenos para los telómeros, y parece ser que la práctica habitual de la meditación y los buenos hábitos de sueño, alimentación y ejercicio pueden mejorar la capacidad de respuesta del sistema inmune y contribuir al rejuvenecimiento de los extremos del cromosoma.

¿Tendrá sentido, entonces, “medirse los telómeros” dos veces al año, como si se acudiera a consultar un oráculo? Prefiero escuchar a Horacio,

 

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números babilónicos…

  ¡Vive el día de hoy! ¡Captúralo! Y recuerda que hoy es Navidad y celebramos un gran misterio: toda entera, la grandeza del universo se deja ver en el más pequeño rincón de nuestro cuerpo.

 

 

 

12 pensamientos en “Telómeros

  1. Me dejas pensando en la angustia que nos da la incertidumbre, cuantos años de vida nos quedan? En realidad creo que no para evitar la muerte (que es lo único certero) sino para envejecer con fuerza y dignidad, hacer ejercicio, alimentarnos bien, dormir bien y meditar son muy buena receta. Me pregunto si además del tabaco el consumo de otras drogas afecta a los telómeros? Un abrazo Elena

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  2. Hola Elena,
    lejos me quedan las clases de genética pero una vez más me has actualizado en el tema. No sé si alguna vez conseguiremos descifrar, no el genoma, que parece tarea ya hecha, sino todo lo que le rodea. Pienso que no se conseguirá ya que todo es más complicado de lo que en realidad es. Querer simplificar la vida en una medición, en una tabla, en un simple análisis, es de ilusos. Otro punto a reflexionar son las empresas privadas que con el fin único de lucrarse ponen unas expectactivas que en realidad no son ciertas, ¿fraude quizás?
    Un abrazo y ¡Feliz Navidad!

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  3. Tenemos un destino
    Y si no es tu tiempo, ¡aunque te pongas!
    F E L I C I D A D E S

    Cuando te toca, ni aunque te quites, y cuando no te toca, ni aunque te pongas

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  4. Siempre te dígo lo mismo: qué interesante! Tus artículos llaman a la reflexión, cosa que con la vida actual tan disparate que se lleva hacemos poco. No entiendo nada de telómeros pero es fascinante ver el mecanismo tan complejo que en definitiva somos…
    No sé si te felicité las Fiestas, mis neuronas patinan de vez en cuando, pero si no lo hice… ahí van mis mejores deseos para ti y los tuyos en este año recién inaugurado: Felicidad y paz, querida Elena!

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  5. Elena:
    Agradezco leer este gran artículo, felicitaciones por la claridad para enseñarnos un poquito más. Como a la mayoría, estos procesos nos eran desconocidos, y esta explicación clara (lo recalco) y amena (lo resalto, para los que no somos versados en el tema) me ha permitido entenderlo muy bien, y la reflexión final creo que cierra de manera correcta a este texto.

    Por cuestiones de tiempo me he ausentado de la red, y si me permites aprovechando la temática actual, voy a permitirme recomendarte un tema y hacerte una consulta: La verdadera edad biológica de las personas. Esto lo hago en vista que el año anterior existió un escándalo en el fútbol de mi país (Ecuador): La falsificación de la edad de jugadores “juveniles”. Se pensaba que esta actividad era cosa del pasado (jeje) pero como un fantasma ha reaparecido.

    Un abrazo.

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