Asperger

La semana pasada leí el libro de memorias de Daniel Tammet, Born on a Blue Day. Tammet es un escritor inglés con habilidades desusadas para el cálculo aritmético y los idiomas (ha creado el suyo propio, porque los 7 que sabe no expresan bien lo que siente), habilidades que, para él, están ligadas a su sinestesia y a sus rasgos autistas.

Es rarísima la coincidencia de sinestesia y autismo: poco menos del 1% de las personas tienen sinestesia, y poco menos del 1% tienen los suficientes rasgos autistas para merecer un diagnóstico, de manera que no esperamos que se den juntos en más de un caso en diez mil. La sinestesia ocurre cuando determinadas percepciones van siempre amalgamadas a percepciones de otro ámbito sensible o cognoscitivo, como si el verde chillón nos hiciera oír un chillido al verlo, o como si, a la manera de Rimbaud, viésemos la A negra, la E blanca, la I roja. Así, para Tammet, cada número hasta el diez mil es como un ser vivo y tiene forma, color, tamaño, sonoridad y luminosidad propias; algunos números son muy bellos, otros son horribles, y la emoción que le causan le ha permitido entender las emociones de otros. “Si un amigo dice que se siente triste, me imagino que estoy sentado en el oscuro vacío del número 6, para ayudarme a experimentar algo semejante y entenderlo”, escribe.

En 2005 se le diagnosticó a Tammet síndrome de Asperger, que es el extremo benigno de los trastornos del espectro autista. Los autistas se distinguen por sus intereses estrechos, perseguidos con tenacidad hasta extremos que los demás nos parecen extenuantes; por su gusto por la repetición y su aversión al cambio, y, sobre todo, por su dificultad para aprehender intuitivamente los afectos de los demás y las reglas sociales implícitas. No siguen las miradas de otros, y les cuesta un trabajo enorme ver a los ojos a otra persona; tienen que aprender a hacerlo como los demás aprendemos en la escuela a sumar y restar. También hay que enseñarles cómo responder a un gesto de saludo y cómo distinguir una expresión facial de enojo, de alegría o de tristeza, y cómo esperar su turno en una fila o una conversación. Frecuentemente batallan para distinguir izquierda y derecha, para orientarse en el espacio, para coordinar sus movimientos con fluidez y para tolerar estímulos que a la mayoría nos parecen triviales -como ciertos tipos de ruido, o ciertas texturas en los alimentos o las ropas. A muchos les es imposible usar el lenguaje para hablar de sus vivencias; casi siempre la descripción de cómo vive un autista la hace otro, desde fuera – y por eso el libro de Tammet es un tesoro. Allí están la enorme paciencia y amor de sus padres, pobres y sin educación formal pero enamorados de los libros;  algunos maestros excelentes, la ausencia de interés de Daniel en jugar con otros niños y en hacer amigos, el enorme valor que necesitó para ir a solas en camión por primera vez… y también la sinestesia, la fascinación por las palabras extrañas y el gozo de encontrar un nuevo número primo (inconfundible, por su forma redondeada de piedra de río).

Tammet se volvió una celebridad en los medios en 2004. Tenía entonces 25 años y quería ayudar a la National Society for Epilepsy a recabar fondos, en recuerdo de que veinte años atrás su epilepsia había sido tratada con éxito. Para ello, aprovechando la celebración del Día Internacional de π, recitó en el Museo de Historia de la Ciencia de Oxford los primeros 22514 dígitos de π, de memoria, a lo largo de cinco horas. ¿Raro? No nos parecería raro que algún letraherido aprendiera de corazón (como dicen en francés) los 14233 versos de la Divina Comedia, o que Baremboim interpretara sin partitura las sonatas de Beethoven. Así es la serie numérica de π para Tammet: no una retahíla casual, sino una sucesión armónica de colores y formas, un locus amoenus en el que puede refugiarse en momentos de tensión y cansancio.

En estos tiempos en que la prevalencia de los trastornos del espectro autista aumenta año con año, personas como Tammet o como Temple Grandin han hecho mucho porque se reconozcan los aspectos positivos de esta variante humana, que no es ya tan rara. He colgado los enlaces a las TED Talk de ambos, con subtítulos en español.

 

 

14 pensamientos en “Asperger

  1. Que interesante su conferencia, me parece un tema fascinante, tiene toda la razón que percibir el mundo de esa manera lo hace mas rico y yo agregaría también más completo e integrado. Wow

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  2. El viernes pasado, precisamente, hablaba con un buen amigo sobre Tammet. La verdad, sin demasiada información por parte de ambos, y nos entretuvimos comentando el Asperger. Creo que mañana, si puedo, volveré a sacar el tema… ;)
    Gracias Elena. Un cordial saludo.

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  3. Hola Elena,
    permíteme añadir el punto histórico del síndrome diciendo que fue descrito por primera vez por el médico austriaco Hans Asperger en el año 1944 y cincuenta años después fue reconocido por la comunidad científica de psiquiatría. Ha sido identificado (con más o menos fortuna, probablemente esta última) a grandes cientríficos como Einstein, Newton, pintores como Miguel Ángel y músicos como Beethoven, aunque una buen versión cinematográfica del síndrome es la interpretación que hace Sheldon Cooper en la serie TV The Big Bang Theory.
    Saludos

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  4. Un puntín de circo he percibido en el video. No hace falta ninguna virtud especial para saber que es lo mismo y más facil multiplicar por 3 y dividir el resultado por cuatro añadiendo luego un par de ceros que hacerlo por 75. Naturalmente, no dudo de que existan estos fenómenos, pero no sé si en algunos casos no recurren a mnemotecnias o cosas por el estilo.

    De los muchos personajes de los que se dice que tienen o tuvieron Asperger, uno en el que la cosa parece plausible es Glenn Gould, y su fijación con Las Variaciones Goldberg. Bendito síndrome. (Bromeo, porque no lo deben pasar bien, especialmente de pequeños)

    Por cierto, “letraherido”, preciosa palabra que no aparece en el diccionario de la RAE, pero que se usa en Catalán, lletraferit. Me sorprende que la uses, o lees a Montaigne en francés, o entiendes el catalán, o vete tu a saber. ;-)

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  5. Pingback: Un mundo raro (wrong planet!) | diasdeandar

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