La vida, un estado precario

Así la llama Damasio en el segundo capítulo de su Self Comes to Mind.  Un estado precario, porque para ocurrir necesita de condiciones muy específicas, y los vivientes han de procurárselas para no perecer. Temperatura, oxígeno, humedad, grado de acidez y presencia de ciertos nutrientes, todo ha de mantenerse dentro de rangos estrechos para que quienes habitamos la Tierra sigamos alimentándonos unos a otros y compartiendo el calor del Sol, como lo hacemos desde hace cuatro mil millones de años. El gran desafío de todos cuantos viven es mantener estables, dentro de cada célula, las condiciones propicias para que la energía fluya suavemente, distribuyéndose en las miríadas de enlaces químicos que conforman paredes y organelos celulares,  enzimas y ácidos nucleicos. Hemos aprendido a hacerlo, siempre y cuando el ambiente no sufra cambios bruscos.

Los quehaceres básicos de la célula, como la respiración, se llevan a cabo bajo un control automático, ajeno a la consciencia y a pesar de ello maravillosamente preciso y claro en sus fines: aquí ve Damasio la semilla biológica de la voluntad de vivir, y, muchos órdenes de complejidad más allá, de la subjetividad. Es lo que Tecumseh Fitch, el experto en biología cognitiva de la Universidad de Viena (citado por Damasio), ha llamado nano-intentionality, esa tenacidad con que la célula persiste en nutrirse, crecer, reproducirse y conservar en su estructura la huella de aquellos cambios que le resultaron propicios. Damasio nos presenta estas ideas invocando a Mark Twain, que decía que la ficción ha de ser creíble pero la realidad puede ser inverosímil. ¿Una célula con intención y voluntad? Parecería un regreso al vitalismo de hace doscientos años, una postura imposible de sustentar desde el laboratorio. Pero por casualidad me encontré con las publicaciones del grupo español encabezado por Ildefonso de la Fuente, que trabaja en la descripción detallada del metabolismo celular y de cómo éste se auto-organiza espontáneamente y guarda memoria de sus procesos -una línea semejante a la propuesta por Fitch, pero desde el campo de la biología cuantitativa. Podemos, pues, tomar en serio la cuestión de la “voluntad de vivir” de la célula.

Mi relato del surgimiento de la conciencia comienza al revés, dice Damasio. Comienza dejando claro que el conocimiento implícito de los procesos básicos de la vida precede a la experiencia consciente, que la consciencia no los determina sino meramente los vuelve conocibles, reconociendo en ellos los cimientos de las actitudes e intenciones de la mente. Para entender cómo se llega a ella desde la vida automática de la célula solitaria hemos de tomar una perspectiva evolutiva, y considerar la aparición de la neurona en animales que se han vuelto lo suficientemente complejos como para necesitar de una célula especializada en percibir cambios en el ambiente y responder a ellos con señales electroquímicas que cambian el estado de otras células.

Al agruparse las neuronas en redes más y más complejas para responder a las demandas crecientes de organismos que piden mayor capacidad de prever cambios ambientales y de percibir el estado bioquímico del milieu intérieur, al que hay que mantener en condiciones estables (en homeostasis), surge la posibilidad de ya no sólo responder a la luz, como la medusa, o a un chorro de agua, como la Aplysia de Eric Kandel, sino de hacer historia y geografía: el mapa del cuerpo y sus fronteras, y la memoria de lo que lo daña o lo beneficia – de lo que sostiene o destruye la homeostasis. Para Damasio, allí está el origen de nuestras nociones de valor, que en último término tienen siempre que ver con el valor biológico: la permanencia dentro de los parámetros químicos favorables a la vida se percibe a nivel consciente como bienestar, y la ruptura de la homeostasis como dolor o displacer. Y terminamos el capítulo contemplando el vivir desde una perspectiva semejante a la de Epicuro.

 

 

8 pensamientos en “La vida, un estado precario

  1. “…la permanencia dentro de los parámetros químicos favorables a la vida se percibe a nivel consciente como bienestar, y la ruptura de la homeostasis como dolor o displacer”… y la permanencia dentro de los parámetros favorables a la persistencia de la especie se define como lo bueno y se percibe a nivel consciente como bienestar.

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  2. Hola Elena,
    ¡y tan precaria! Lo maravilloso es poder comprobar cómo somos capaces de sobrevivir en esa delgada línea entre el ser y no ser. Algo que ya se ve desde antes de nacer, en el interior del útero, tras ser fecundado el ovocito por ese único espermatozoide (también sobreviviente) hay casi las mismas posibilidades de llegar a nacer como de no hacerlo. Sin duda es un desafío que empieza incluso antes del nacimiento.
    Saludos

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  3. Muy Buen articulo, que hace que la célula tenga nano-intencionalidad…siemplemente el deseo de no morir y alimentarse molecularmente o hay algo mas? espero dios no este en la ecuación

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