Escuchemos sin riesgos

¡Por fin!

Desde hace años pensaba, al tener que ponerme tapones en los oídos en un centro comercial o un restaurante, que necesitaríamos que algún tiburón de la abogacía norteamericana iniciara una “class action” en contra de los fabricantes de altavoces para que la gente comenzara a tomar conciencia de lo dañino que puede ser el ruido. Y ayer me encontré con que la Organización Mundial de la Salud ha iniciado una campaña para la prevención de la pérdida auditiva por exposición al ruido, llamada Escucha sin riesgo

De acuerdo al comunicado de la OMS, 1100 millones de adolescentes y adultos jóvenes están en peligro de sufrir pérdidas auditivas considerables porque se exponen a niveles altos de ruido durante períodos largos, al escuchar música a través de audífonos a un volumen lo suficientemente alto para vencer al ruido de la calle o del metro, o al quedarse por horas en lugares en donde el ruido supera los 85 decibeles: estadios deportivos, conciertos de rock, clubs nocturnos, ciertas salas de cine… Como lo que hace el oído es captar una vibración física y conducirla hacia el mecanismo transductor que la convertirá en un impulso nervioso, obligarlo a trabajar con vibraciones demasiado intensas es como querer tocar el violín a martillazos. El órgano de Corti, esa parte del oído interno que traduce  en impulsos nerviosos la vibración que le llega a través del oído medio, literalmente se despedaza bajo el empuje de una energía mecánica desproporcionada. Sus células ciliadas (precisamente las que traducen en sonido una vibración física cualquiera) sucumben ante la enorme carga metabólica que supone, por ejemplo, asistir a un concierto de rock a oído desnudo; la sobreexcitación pone en peligro también a las neuronas del ganglio auditivo, que son las primeras en recibir la señal transmitida desde el órgano de Corti.

Creo que a nadie le parecería buena idea ponerse a mirar el sol de frente. No hagamos algo semejante con nuestros oídos.

5 pensamientos en “Escuchemos sin riesgos

  1. Que bien!!!!! De adolescente no comprendía a mi papa que me regañaba por escuchar la música tan fuerte; desde hace un par de años me he vuelto bastante intolerante al ruido y esta noticia me parece fantástica, debe haber conciencia del daño a nuestro pobre oído. Un abrazo

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  2. Hola Elena,
    … y también debemos tener presente la diferente susceptibilidad al efecto nocivo del ruido. Existen estudios que han demostrado que algunos oídos se dañan más fácilmente que otros (algunos por alteraciones determinadas genéticamente) y, aunque no son determinantes, existen factores a tener presente como el hábito tabáquico, la edad, la diabetes que pueden predisponer a esta pérdida auditiva. Coincido contigo… ¡por fin!
    Saludos

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