Figuras del duelo

Más allá del tiempo, de David Grossman, es un poema dramático hermoso y terrible. Aunque no es muy largo, leerlo de un tirón es casi imposible, por la intensidad de los sentimientos que despierta. Cada uno de los personajes ha perdido un hijo algunos años atrás, por una enfermedad, por suicidio, en un accidente o en la guerra. La desgracia anida en ellos y apenas deja espacio para el aliento; las palabras también se les han ido. Una mujer se ha quedado muda. Un hombre cree haber recibido la orden de olvidar a su niña y hacer la crónica del dolor de los demás. Otro sabe que irrumpió en su vida algo oscuro y enorme, pero -¿qué era?- Uno más quiere escribir un cuento para entender lo que le pasa, y se ha quedado fundido a su escritorio, desesperado y colérico, incapaz de expresar su dolor más que con gritos e insultos.

El que muere cae fuera del tiempo, dice un doliente, y se nos va quedando atrás a los que vivimos. “Murió en agosto… ¿Cómo voy a poder pasar a septiembre, quedándose él en agosto?”- Todos luchan por no alejarse del hijo caído, como si no dolerse más por su ausencia y aceptar las “finas cataplasmas” del tiempo que pasa fuese un dejarlo morir de nuevo; quisieran caer también, para no perder el calor y el aroma de los recuerdos muy recientes. “La ardentía”, llaman ellos a la memoria dolorosa en la traducción de Ana María Bejarano, que me ha recordado aquella “memoria en donde ardía” de Quevedo. Por fin, al reconciliarse con su pérdida, los dolientes recuperan la capacidad de evocar al ausente sin que el sufrimiento los paralice.

Escribir este libro a lo largo de dos años fue el camino que Grossman siguió para atravesar de punta a punta el duelo por la muerte de su hijo. Para él, según lo dice en esta entrevista concedida a una semana de terminar la escritura de Más allá del tiempo, la literatura is the only place where things can coexist with their loss, el único sitio en donde las cosas pueden coexistir con su pérdida, estar y no estar a la vez.

9 pensamientos en “Figuras del duelo

  1. Pocos libros me han estrujado el corazón como este…. Que bien describes el dolor de los personajes (el dolor de Grossman). Como mama me parece que la perdida de un hijo es irreparable y un dolor posible de superar, incluso viviendo en un país en donde le sucede a más de una familia. Me gusto que parte del intento de elaborar el duelo y encontrar consuelo en el libro, se vuelve más llevadero en compañía de otros, que al final es así el ritual del duelo en la mayoría de las religiones: acompañar al doliente.

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  2. “Al cabo, son muy pocas las palabras
    que de verdad nos duelen, y muy pocas
    las que consiguen alegrar el alma.
    Y son también muy pocas las personas
    que mueven nuestro corazón, y menos
    aún las que lo mueven mucho tiempo.
    Al cabo, son poquísimas las cosas
    que de verdad importan en la vida:
    poder querer a alguien, que nos quieran
    y no morir después que nuestros hijos.” Amalia Bautista.

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  3. Terrible, imposible de imaginar un dolor tan inmenso… el duelo por un hijo debe ser insuperable. Pasé el de mi padre y hasta que no hice mi “particular” duelo no alcancé la paz; asumir algo así a través de las palabras nos reafirma en la idea del poder “curativo” de ellas…
    Muy hermoso post, querida Elena!
    Un gran abrazo.

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