El mito del 10% y sus consecuencias

Buscando entender de dónde salió ese mito según el cual usamos sólo el 10% de nuestra capacidad cerebral, encontré que su origen es tal vez el prólogo que escribió en 1936 Lowell Thomas, periodista y publicista muy famoso en ese entonces, para el libro de Dale Carnegie Cómo ganar amigos. Allí afirma Thomas: “Professor William James of Harvard used to say that the average person develops only 10% of his latent mental ability.”

William James, por supuesto, nunca dijo tal cosa. Sin embargo, la afirmación de Lowell Thomas con su porcentaje al tuntún hizo fortuna, gracias al prestigio de James, al enorme éxito del libro de Carnegie y también a lo poco que se sabía por entonces sobre las funciones de la “corteza silenciosa”. Se llamaba así a las zonas cerebrales que no respondían con sensaciones, movimiento o recuerdos vívidos al electrodo del neurocirujano que buscaba un foco epileptógeno, como lo hacía Wilder Penfield, maravillado y respetuoso, tras retirar las cubiertas del cerebro de sus pacientes. “La mayoría de las estimulaciones”-escribe Penfield- “obtienen el silencio por respuesta. No todas las áreas cerebrales pueden responder, debido a la naturaleza de su función”. Así sucedía con la corteza del lóbulo frontal y con  las áreas asociativas parientales. ¿Para qué servían? No se sabía exactamente, y quienes aún se resistían a la idea de que facultades del alma como la memoria, inteligencia y voluntad pudieran tener una base fisiológica hablaban de zonas cerebrales “no funcionales”, como si dijéramos ociosas.

Fueron los tiempos del auge de la psicocirugía. Egaz Moniz fue el primero en practicar una  lobotomía para tratar un caso de depresión agitada, en 1935; en 1936 se adoptó el procedimiento en los Estados Unidos, en donde Walter Freeman, su promotor más entusiasta, la recomendaba en casos de esquizofrenia, de ansiedad y depresión, para combatir las obsesiones o la beligerancia – es decir, para poner quieto a cualquier paciente que diera mucha lata (como el protagonista de One Flew Over the Cuckoo’s Nest). Diametralmente opuesto a Penfield en su actitud, Freeman escribía en uno de sus artículos:

 No nos importa si el paciente puede volver a enseñar literatura, reanudar sus estudios universitarios o dirigir la empresa familiar. No esperamos que retome su trabajo en el campo de la ciencia o en pro de la sociedad… Ni insistimos en que tenga introspección o discuta sus problemas personales. No nos preocupa que retenga sus alucinaciones y sus delirios. No hablamos de recuperación, pues con la lobotomía prefrontal podrá suceder que se sustituya un trastorno psicológico por otro. Lo importante es lograr una menor interferencia con la adaptación social del paciente.

Si fuera cierto que navegamos el día a día con el 10% de la capacidad cerebral, ¿qué importaría renunciar a un 20 ó 40% de cerebro redundante, a cambio de no sufrir de obsesiones o melancolía? A Freeman le parecía que en muchos casos la introspección es un estorbo, y que todos saldríamos ganando al deshacernos de ella. Tenía una influencia enorme en los hospitales para veteranos de guerra, y se ofreció a entrenar a los psiquiatras para que practicaran lobotomías rapidísimas pasando un picahielo por sobre el globo ocular, sin necesidad de llevar al paciente al quirófano (http://projects.wsj.com/lobotomyfiles/).

En unos cuantos años fue evidente que los enfermos que no sucumbían a una hemorragia o una meningitis empeoraban sin remedio. La Veterans Administration entregaba panfletos llenos de advertencias a las familias de los pacientes que regresaban a casa. Tal vez se comporte como un niño, o se masturbe en público, pierda el control de esfínteres, no quiera asearse o pase todo el día acostado, decían. Es posible que deje a medias todo lo que emprenda, y que nunca pueda llevar una vida independiente. ¿Cuándo se pondrá bien? No sabemos…

Ahora, tras examinar las consecuencias de los cientos de lobotomías que se llevaron a cabo en esos años, sabemos que las “zonas silenciosas” (hablé de ellas la semana pasada: son las regiones transmodales) son indispensables para que una persona tenga una voluntad firme, una mente creativa y un buen juicio crítico. También para que su monólogo interno la acompañe, y para que la visión de lo que pudiera ocurrir en un futuro le ayude a buscar su camino. En un cerebro sano no hay zonas ociosas.

 

18 pensamientos en “El mito del 10% y sus consecuencias

  1. A Egas Moniz (un personaje muy interesante desde distintos puntos de vista) han propuesto retirarle el Nobel. Imagino que Freeman -a pesar de su apellido- habrá sido condenado al infierno más dantesco. Pero ambos son parte de la historia de la medicina.
    Gracias Elena, por este artículo que he disfrutado al cien por cien (un porcentaje inusual en nuestra profesión, salvo excepciones como este blog).

    Me gusta

  2. Hola Elena,
    siempre pensé que el origen de este mito provenía de Einstein y no sabía nada del libro de Dale Carnegie. Los neurólogos han demostrado que el ser humano utiliza prácticamente el 100% cien del cerebro para realizar cualquier actividad así que esta teoría queda desmontada. Creo que recientemente se ha estrenado una película que parte de este mito, “Lucy”, interpretada por Scarlett Johansson. En ella se plantean las cosas que podría hacer una persona que alcanzara ese “100%”. Por supuesto no deja de ser una película de entretenimiento donde de ciencia, poca. Incluso apuntan que se podría tener hasta superpoderes. ¡Ja, ja, ja!
    Un saludo

    Me gusta

    • Fue la reaparición del mito gracias a esa película (que no he visto, y por eso no menciono) lo que animó a escribir esta entrada. Lo terrible es que allí quien lo proclama como verdad pura es el personaje interpretado por Norman Freeman (otro Freeman), un neurólogo famoso que habla desde su cátedra en París.

      Le gusta a 1 persona

  3. Precisamente ayer leí otra vez eso del 10%, no recuerdo dónde. Y me pregunté cuál sería el origen de tan extendida creencia, que llevo toda la vida oyendo y leyendo y que siempre me ha parecido una tontería. Pero la semilla cayó en el terreno fértil de aquellos que necesitan creer que cuando el ser humano consiga usar un porcentaje mayor de su cerebro, el mundo funcionará mejor. Wishful thinking.

    Me gusta

    • Ángela, lo que William James decía en su ensayo “The Energies of Men”, sin mencionar “cerebro” ni “10%”, era que en momentos de crisis o de gran fatiga sucede a veces que nos levanta y reanima un “second wind”, una energía que no suele manifestarse en condiciones ordinarias. A eso se refería al afirmar que sólo usamos una pequeña parte de nuestro recursos físicos y mentales -a la capacidad de crecer ante la crisis. Agradezcamos al “second wind”, que visita cada día a cuantos trabajan y cuidan de otros, por la pervivencia de tantas cosas buenas y hermosas.

      Me gusta

  4. Gracias Elena por tan interesante artículo. Verdaderamente el mito cayó sobre terreno fértil y se propagó. y las implicaciones que tuvo a nivel tratamiento……

    Me gusta

    • …son aterradoras. A mí me hacen pensar que no lleva a nada aferrarnos a supuestas certezas, cuando de terapéutica se trata. Avanzamos más aceptando la incertidumbre y el fracaso (¡Freeman insistía siempre en que sus víctimas estaban mejor!).

      Me gusta

  5. Querida Elena, volveré despacio para disfrutar de tus interesantes artículos; estoy de pruebas médicas acompañando a mi madre que me necesita estos días… y no he tenido tiempo para nada más.
    Un gran abrazo.

    Me gusta

  6. No sabes lo que me ha alegrado saber que esa afirmación era un mito. Estoy harto de oirla repetir a los amantes de lo esotérico para defender que cualquier dia podemos salir volando o tener poderes sobrenaturales varios. Pero lo que me ha impresionado más es lo del picahielos, qué bestias. Y ya solo les faltaba esto a los picahielos después de Instinto básico…

    Me gusta

  7. Hace años llamaron a mi puerta unos misioneros, de estos que van por parejas y bien trajeados. Estaba aburrido y les di conversación (a la semana siguiente me mudaba de ciudad, así que no temía que regresaran otro día a continuar donde lo dejaron). Me explicaron por qué todas las células del cuerpo se regeneran al cabo de 8 años y por qué sólo utilizamos el 10% de nuestro cerebro. Es muy sencillo: Dios nos diseñó para una vida eterna. Durante los pocos años de vida terrenal apenas nos da tiempo a desarrollar ese famoso 10% de nuestra capacidad.

    Me enteré de la existencia de Egaz Moniz gracias a la película “monos como Becky”. ¡Qué horror!

    Me gusta mucho tu blog

    Me gusta

    • Bienvenido, Eduardo. Me extraña la argumentación de los misioneros -bueno, es que estoy suponiendo que eran cristianos. Hay una parábola evangélica en la que se relata cómo un gran señor entrega talentos a sus vasallos para que los hagan producir, y castiga al que deja enterrado su talento y lo devuelve tal cual; los demás duplican sus talentos dentro del tiempo que les es concedido y son premiados. El Dios de los Evangelios no se cree esa historia del 10%, quiere rendimientos del 100.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s