Recuerdo y olvido

La semana pasada me propuse examinar por qué tendemos a recordar más fácilmente ciertos tipos de información. ¿Qué debe ocurrir para que un recuerdo se conserve?

-Buenos días, le llamo de Banca X y mi nombre es Ana Gómez, tenemos a su disposición una nueva línea de crédito…

En cuanto digo “Muchas gracias, no la necesito” el nombre de la chica que me llamó desaparece. Imposible recuperarlo. La memoria de trabajo, que me permite tener presente la información que necesito durante una conversación como esa y usarla ordenadamente, no retiene nada por más de 20 ó 30 segundos. Los cientos de megabytes de información que cada día procesa mi memoria de trabajo pasan de largo, a menos que haga yo algún esfuerzo por fijarlos, o que los relacione espontáneamente con algo que me interese mucho y se integren a la información que ya he almacenado. Por ejemplo,

-Buenos días, le llamo de Banca X y mi nombre es Juana de Asbaje…

¿La más grande poeta mexicana al teléfono? Ese nombre no se me olvidaría, aunque el resto de la conversación careciera de interés. Lo retengo porque está ligado a asuntos mucho más vitales para mí que la oferta de servicios bancarios.

En otro escenario, estoy frente a un nuevo grupo de estudiantes. Hago un esfuerzo por grabarme sus nombres lo más pronto posible. Leo los nombres escritos en la lista, veo con atención los rostros de mis alumnos, atiendo al timbre de voz y al gesto, repito para mí los nombres mientras recorro con la mirada los lugares en donde se ha sentado cada quien. Porque para codificar, que así se llama el proceso en psicología cognitiva, he de llenar esas copas aún vacías que son los nombres con la mayor cantidad posible de sensaciones o ideas. A mayor número de asociaciones, mayor persistencia del recuerdo.

Cada quien codifica según quien es. De mi visita a Cracovia recuerdo el aire limpio como de cristal, la nieve en copos pequeñísimos en domingo de Pascua, las caminatas por calles viejas y amables y la hospitalidad de Abel Murcia en el Instituto Cervantes. He olvidado cuántos zloty me daban por un euro.  También el nombre de mi hotel, pero no ese ventanal que miraba al castillo de Wawel, iluminado por la noche como cosa de leyenda. Dos personas pueden tener recuerdos muy diferentes del mismo evento: estoy segura de que alguien con otro tipo de intereses recordaría ante todo el costo de la habitación y el tipo de cambio, y no haría caso de la nieve de primavera.

Una vez almacenados los recuerdos, puede ocurrir que resurjan de pronto en toda su gloria al hacerse presente alguno de sus elementos, como le sucedió a Marcel, que al mojar una magdalena en la taza de té hizo saltar a su hipocampo de alegría. También podemos evocarlos deliberadamente, por medio de claves – por ejemplo, viaje a Polonia si quiero acordarme de Cracovia; esta búsqueda estratégica la inicia la corteza frontal ventromedial y no suele ser tan emocionante como la eclosión espontánea de un recuerdo. Buscar es aquí atraer desde diferentes zonas de la corteza cerebral y a través del hipocampo a los elementos que conforman el recuerdo, y reunirlos bajo la influencia del momento: no guardamos los recuerdos en gavetas, sino que los recreamos cuando nos hacen falta, a la medida de lo que la ocasión pide.

Al envejecer, la corteza prefrontal pierde velocidad y precisión, así que es frecuente que quienes rondan los 50 años no encuentren al momento el nombre de una calle o no recuerden en dónde leyeron cierta noticia. Si codificaron sólidamente, les bastará con tener acceso a un par de pistas más para hacerse con la información que necesitan. Es por eso que cuando después de muchos años volvemos a ver a un amigo o regresamos a una ciudad querida revivimos a raudales recuerdos que parecían perdidos.

Un libro excelente sobre memoria y olvido: Los siete pecados de la memoria, de Daniel L. Schacter. La entrevista de Eduard Punset con el autor encabeza esta entrada.

 

11 pensamientos en “Recuerdo y olvido

  1. Ya decía yo que me estaba fallando la corteza prefrontal! Ahora me lo explico todo.
    Ahora en serio, qué chispa es la que enciende un recuerdo? Cómo se propaga por los distintos lugares en los que están almacenados los trocitos que forman el recuerdo completo? Y por qué tenemos más facilidad para memorizar ciertos tipos de datos?
    Todo son preguntas.

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    • Los recuerdos son para que puedas vértelas con lo que te salga al paso en la vida, y reaparecen cuando algún elemento del ambiente los llama. ¿Cómo se propaga la chispa? La verdad, no lo sabemos muy bien aún. Pero sí sabemos que se nos quedan mejor los datos que podemos fácilmente agregar a un conjunto ya armado, “esquema” dicen los psicólogos, de datos previamente asimilados. Por ejemplo, tú sabes de telas. Retendrás mucho mejor que yo un informe sobre las fibras que usarán las casas de modas en sus colecciones de primavera, y también percibirás mejor las sutilezas del color y la textura de un género.

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  2. Hola Elena,
    me disponía a escribirte un comentario pero ahora no recuerdo sobre qué. ¡Ja, ja, ja! Como dice Ángela, ahora en serio. Los que hemos (y seguimos) necesitado retener en nuestra memoria multitud de datos sabemos muy bien lo de asociar un nombre o una fecha a algo que nos es más familiar, para poder retenerlo con más eficacia. Pero tristemente, y como bien dices, a partir de una edad nuestra corteza prefrontal pierde eficacia. Tratas un tema apasionante, la memoria, y una vez más el hipocampo tiene su importancia.
    Saludos

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    • Esa pérdida de eficacia de la corteza prefrontal es diferente de lo que sucede en la enfermedad de Alzheimer, que ataca directamente al hipocampo y vuelve inútil cualquier estratagema mnemotécnica. Y para envejecer suavemente ayuda también fortalecer los hábitos -por ejemplo, dejar siempre las llaves de casa en el mismo sitio, porque si no, difícilmente recordaré en dónde las puse. Comienzo a entender por qué mi tía se enojaba tanto cuando le cambiábamos de lugar los enseres de cocina.

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  3. Elena, tanto que decir de la memoria…. Me encanto lo que dices que el recuerdo tiene que ver con quienes somos y esto me explica tanto de porque uno retiene un detalle que el otro quizá pasa desapercibido. Pero que hay del factor emocional en relación con la memoria? Sabemos que la depresión afecta la memoria inmediata y que algo traumático se “olvida” o reprime, repito: tema que se antoja para mucho que relacionar y pensar….

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  4. Es algo fascinante el tema de la memoria… y da miedo perderla; olvidar lo que somos, perder parte de nuestra identidad…Vuelvo a jugar al ajedrez, a ver si así ejercito la neurona que me debe quedar. En serio, planteas cuestiones que nos afectan directa y profundamente.
    Muchas gracias por compartirlo, estimada Elena.
    Un gran abrazo.

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