Sobre la percepción del tiempo

En la Ciudad de México la semana que corre entre Navidad y el 2 de enero es una semana vacía, en la que nada parece moverse. En estos días, quienes tomamos vacaciones nos dejamos caer en los ritmos del cuerpo, de la casa y de los ánimos, y el tiempo no transcurre con esa prisa por marchar en línea recta hacia una meta determinada, como cuando nos ocupamos en la profesión o los negocios. Son días de comidas lentas y lecturas largas. Yo los aproveché para regresar a La montaña mágica, esa novela de Thomas Mann que explora los misterios de la vivencia del tiempo.

Hans Castorp, el joven protagonista, viaja a Davos a pasar unos días con su primo enfermo de tuberculosis, y “sin querer queriendo” se queda a hacer una cura en el mismo sanatorio. Muy pronto se da cuenta de que allí es posible catar el tiempo en estado puro, sin añadiduras de fechas de entrega, calendarios o agendas. En la montaña mágica el tiempo corre en círculos y de manera discontinua; quienes allí habitan lo perciben como obediente a la tensión emotiva, a la fiebre, a la fatiga o las variaciones en el menú. Los seis minutos que cuatro veces por día han de emplearse en medir la temperatura corporal pueden durar más que una semana entera, y un año puede resumirse enumerando las flores propias de cada estación. Recién llegado a la montaña, Castorp asiste reloj en mano al ritual de la toma de temperatura, y se pregunta cómo es que medimos el correr del tiempo -¿acaso a través de la medición de la distancia recorrida?- ¿Y cuál es el órgano del tiempo, welches ist denn unser Zeitorgan? 

Castorp, formado como ingeniero, no está hecho a los planteamientos filosóficos, pero el ambiente peculiar de la Montaña Mágica lo ha llevado a examinar cuestiones que han inquietado a los filósofos desde siempre. ¿Es posible percibir el tiempo en sí mismo? ¿O hemos de asociarlo siempre con el movimiento?

Como de filosofía no sé, acudo a la neurobiología, que tiene su propia versión del problema. En cuanto al “órgano del tiempo”, recordemos que H.M., cuyos hipocampos fueron extirpados, era incapaz de apreciar la duración de intervalos mayores a unos cuantos segundos; está claro que la percepción consciente del tiempo es posible gracias al hipocampo. Pero aún se discute si el hipocampo percibe las secuencias temporales mediante neuronas destinadas específicamente a ello, o si para hacerlo le basta con registrar el movimiento del sujeto en el espacio. Según nos explica May-Britt Moser (premio Nobel de Fisiología y Medicina) en un artículo titulado Time finds its place in the Hippocampus, en el hipocampo de la rata hay neuronas que responden al paso del tiempo en el orden de segundos a minutos, sin que el animal haya cambiado su posición en el espacio. Pero también hay otras que registran el paso del tiempo a partir de distancias recorridas, o de secuencias de movimientos, y todavía no sabemos cómo se lleva a cabo la percepción de intervalos de tiempo mayores. Desde el campo de la neurobiología, pues, no hay todavía una solución definitiva al problema planteado por Castorp en su balcón, de cara a los Alpes suizos.

Lo que sí sabemos es que el tiempo del hipocampo es el tiempo de los recuerdos de lo vivido, con los cuales construye cada quien su novela personal. Hay en el cuerpo muchos relojes más, que son los que nos ligan a los grandes ciclos naturales -por ejemplo, el que desde el hipotálamo ancla el ciclo del sueño y el despertar al día y a la noche- y  los que marcan el tiempo circular de los mitos, de los sueños y de los largos recorridos vitales.

 

13 pensamientos en “Sobre la percepción del tiempo

  1. Hola Elena,
    creo que esa semana entre Navidad y el 2 de Enero es “vacía” (como bien describes) en muchos países incluido el mío. La ciudad se para y hasta los políticos dejan sus discursos y promesas para después (lástima que no se prodiguen estas vanas semanas más frecuentemente a lo largo del año). Sin saber más de lo imprescindible del funcionamiento del cerebro, me gustaría aportar que el nombre de hipocampo le fue dado por el anatomista Aranzio en el siglo XVI por la gran similitud de su forma con el caballito de mar ( hippos: caballo, kampos: el monstruo marino Campe) y en las personas afectas de Alzheimer esta es una de las primeras regiones cerebrales en dañarse. Es cuando ese daño es extenso cuando se experimenta esa amnesia tan fatal. Seguro que futuras investigaciones mostrarán más aspectos de esta región del cerebro, nada secundaria y quizás relegada durante mucho tiempo a expensas de otras. Por cierto, no conocía esa “Montaña mágica” y parece interesante.
    Un abrazo

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    • Francisco Javier,
      Muy cierto lo que dices. Las investigaciones de tres neurocientíficos (John O’Keefe y sus otrora doctorandos los Moser), sobre el papel del hipocampo en la memoria espacial y la orientación se llevaron el Nobel de Medicina en 2014. Y en cuanto a la novela de Thomas Mann, es un gran documento sobre cómo se trataba la tuberculosis en los años previos a la primera guerra mundial; puede interesarte desde el punto de vista histórico.

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  2. ¡El tiempo! Salvo algunos seres humanos, quizás lo que más aprecio y más deseo… Mi primer blog llevaba por título, precisamente, “Tiempo para la Memoria”. Un título muy de hipocampo, según creo.
    Me imagino junto a Hans Castorp mirando -sin ver, quizás- a los Alpes desde su balcón. ¡Lástima que no sepa encontrar mi propia “montaña mágica”!
    Feliz Año Nuevo Elena.

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  3. Otrora, has usado la palabra otrora en tu comentario. Qué maravilla!

    Lo del tiempo es un misterio para mí, es una de esas cosas en las que casi no puedo pensar porque se me forman nudos en el cerebro.

    Muy feliz año nuevo, Elena.

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  4. El tiempo es un tema fascinante, la percepción del tiempo y su relación con lo emocional, y también con la edad, la percepción del tiempo es tan distinta en la niñez, la adolescencia y la adultez. Feliz año!!!

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    • Pues sí, a los cinco años son larguísimos cinco minutos, y un año es lo que para mí serían siete. Los adolescentes sanos se sienten inmortales. Y a partir de los cuarenta y tantos el tiempo vuela. Cuando una persona tiene una percepción del tiempo no acorde a lo usual en su edad, algo raro pasa. Lenore Terr, la experta en trauma infantil, dice que una consecuencia del trauma psíquico en jóvenes es la reducción del horizonte vital a unos pocos años, como si en vez de 17 ó 20 tuvieran 65. ¿Te acuerdas de Avram, el personaje de David Grossman? Así.

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      • ¡claro! hace todo el sentido. Déjame te digo que a mi desde los 27 el tiempo ha volado de manera impresionante :) Repito, un tema fascinante.

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  5. He regresado a leer esta entrada pues nunca había asociado la percepción del tiempo con los recuerdos. Tú hablas aquí del hipocampo y dices que es “el tiempo de los recuerdos de lo vivido, con los cuales construye cada quien su novela personal. Hay en el cuerpo muchos relojes más, que son los que nos ligan a los grandes ciclos naturales -por ejemplo, el que desde el hipotálamo ancla el ciclo del sueño y el despertar al día y a la noche- y los que marcan el tiempo circular de los mitos, de los sueños y de los largos recorridos vitales.” Y hay aquí espacio para una pregunta que hace tiempo me carcome y quizá tú puedas ayudarme o recomendarme algún ensayo, estudio, al respecto. Tengo una buena retención de sensaciones, emociones, sabores, olores y soy capaz de recordar y revivir qué sentí ante tal o cual situación. Pero tengo pésima memoria para nombres (personas o calles), números o palabras (quizá por el bilinguismo, no lo sé). ¿A qué puede deberse tamaña diferencia entre la manera de recordar sensaciones y datos? ¿Alguna idea? Disculpa el rollo…

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  6. Recuerdo “La Montaña Mágica” de forma muy lejana, la leí hace mucho tiempo y debería releerla pues el tiempo es un tema que siempre me ha fascinado y ha sido el eje central de mi primera novela. De hecho me sigue apasionando en su relación con el espacio y en su percepción… Un articulo realmente bueno, Elena que lleva a la reflexión, cosa nada baladí en estos tiempos frenéticos en los cuales se tiende a tocar la superficie de las cosas…
    Un fuerte abrazo desde este lado del mar!

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