28 de diciembre (infierno, purgatorio y paraíso)

Quería en días pasados escribir sobre Dante, sobre cómo el infierno, más que un lugar, es un estado anímico caracterizado por la ausencia de esperanza. Y sobre El descubrimiento del cielo, novela en la que Harry Mulisch nos muestra a un hombre que camina a solas desde Auschwitz hasta Birkenau para conocer el lugar en donde murió su madre y descubre de pronto que el infierno existe y que el campo de exterminio se le ha metido dentro. Líneas demasiado sombrías para Navidad, pensé.

¿Algo más alegre? ¿Tal vez el Cuento de Navidad de Dickens?

Lo leí de nuevo, después de muchos años. Sombras tiene muchas, también: un hombre maduro que ha dedicado su vida al dinero lleva una existencia casi mineral, indiferente a la oscuridad y al frío que lo envuelven siempre. La amistad y el calor humano le repugnan, la esperanza le parece cosa de bobos -verdaderamente, su casa y su oficina parecen sucursales del infierno. Cuando joven, todo aquello me daba mucha risa; ahora que tengo una edad semejante a la de Scrooge la descripción de Dickens me aterra. Sin embargo, la voz del narrador está llena de alegría, y nos pinta aquel panorama horrible con un buen humor que saca chispas. Sabe que Scrooge está a unas horas de entrar en la mayor crisis de su vida y que después de una noche poblada de espectros le espera un día claro, lleno de un gozo que brilla más por el contraste con las tinieblas heladas de las primeras escenas del cuento.

Vuelvo a acordarme de Dante. Ha participado apasionadamente en el quehacer político de su ciudad. Su facción ha sido derrotada y él desterrado de su querida Florencia, bajo amenaza de ser quemado vivo si se atreviese a regresar. Tenía entonces alrededor de 35 años, precisamente el momento de la vida en el cual sitúa en la Commedia su descenso a un inframundo que es como un embudo habitado por todos aquellos que no pueden desprenderse de sus pasiones ruinosas, de la cólera, de la avaricia, de la pasión por el poder, de las trampas de la soberbia y el querer aparentar, tan atrapados por ellas que no conciben otro modo de existir ni otro bien más allá de las sombras que persiguen. Dante reconoce entre ellos a muchos de sus compatriotas; nosotros bien podríamos encontrar allí al gran enamorado del dinero, el Scrooge de Dickens.

Dante sale ileso del embudo negro porque no se olvida de le chose belle che porta l’ciel, y llega así al purgatorio, montaña a la que ascienden trabajosamente los que añoran el bien y la belleza y se esfuerzan por ser mejores. Para Scrooge, la liberación llega en esa fatídica Nochebuena en que lo visita el espíritu de la nostalgia y lo lleva de la mano a revivir momentos en los que el dinero aún no pintaba para nada, y a lamentar las oportunidades de amor perdidas.

¿Y después? A cada quien su paraíso. Dante contempla la perfección celeste, Scrooge se pasea por las calles de Londres repartiendo sonrisas. Paraísos necesariamente fugaces,  porque vivimos cayendo al infierno y volviendo a mirar las estrellas, atrapados un día por el deseo de venganza y descubriendo al siguiente la fuerza de perdonar.  Infierno, purgatorio y paraíso son estados anímicos en los cuales habitamos en esta nuestra vida en la tierra, la única con que contamos.

Hoy, a tres días de Navidad, recuerda la Iglesia Católica la matanza de los Santos Inocentes, aquellos niños judíos asesinados porque Herodes temía que al crecer le robasen el trono. Un infierno más. No hay historia “demasiado sombría” para estas fechas, siempre y cuando quepa en ella la esperanza. Siempre y cuando recordemos que es posible escapar del inframundo, reverdecer, y hallarse

puro e disposto a salire a le stelle.

6 pensamientos en “28 de diciembre (infierno, purgatorio y paraíso)

  1. ¡Qué bonito, Elena, qué bonito! Te deseo que el año que está a punto de empezar venga lleno de alegría y paz interior para ti. Que continúes “puro e disposto a salire a le stelle.” Un abrazo.

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  2. Elena querida, sin duda tienes razón, el infierno, el purgatorio y el cielo son estados de animo, por los cuales transitamos a diario. Sin embargo, si cosidero que hay infiernos internos y externos que ni Dante mismo imagino jamás; siempre y cuando exista la esperanza, quizá se pueda soportar esos infiernos. Te mando un fuerte abrazo y mis mejores deseos para este nuevo año.

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  3. Todo nos lleva a celebrar en estas fechas.
    Una manera de sentirnos vivos en el invierno, de sentir esa necesidad de reverdecer y dar fruto.
    ¿Se celebra igual la navidad en el hemisferio sur?
    Me imagino que el verano les dará otro matiz

    F E L I C I D A D E S

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  4. Hola Elena,
    qué son las sombras sin las luces, el mal sin el bien, el infierno sin el cielo. Adversidades, apuros, miserias, angustia, desesperanza… lo importante no es sobrevivir, si no saber vivir y ganarse el cielo.
    Un abrazo y que tengas muy buena entrada de Año Nuevo

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