Como la sombra que se va: el carpe diem de Muñoz Molina

Un escritor lleva muchos días sumergido en la vida que escribe. Tantos, que ha comenzado a soñar los sueños de persecución, de peligro y vergüenza de su personaje, un hombre que ha cometido un crimen y huye de ciudad en ciudad inventándose sobre la marcha identidades inverosímiles que ha calcado del cine, de folletines baratos o de imágenes publicitarias.

El criminal cuya fuga reconstruye el escritor es el asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, que estuvo unos días en Lisboa en mayo de 1968 intentando obtener un visado para Angola o para algún otro país de Africa. Años atrás el escritor había sido, él también, prófugo en Lisboa. Llegó a esta ciudad por primera vez guiado por el luminoso título de la novela que escribía por entonces, para encontrar los hilos aún faltantes de la trama pero también para escapar por unos días a su vida de funcionario y padre de familia en una ciudad de provincia – el escritor es el mismo Muñoz Molina y la novela a cuya gestación asistimos se llama El invierno en Lisboa.

Poco a poco, al alternarse los capítulos dedicados al asesino con los capítulos en los que el escritor cuenta (en primera persona) su propia historia, descubrimos una serie de simetrías y contrastes entre los destinos de ambos. Vemos cómo el asesino intenta hacerse nuevas identidades de marino mercante o de comerciante con negocios en el extranjero, muy torpemente y sin convencer a nadie por más de tres minutos, porque viene de un ambiente violento y paupérrimo y apenas sabe nada del mundo más allá de los bajos fondos en los que suele moverse. Vemos a Muñoz Molina escribir su segunda novela soñándose en ella como pianista de jazz, en sus tiempos de funcionario organizador de conciertos; una noche un juerguista desconfiado le dice no sé si eres un infiltrado de los bajos fondos en el Ayuntamiento, o un infiltrado del Ayuntamiento en los bajos fondos. El asesino se escondía en hoteles de medio pelo de una sociedad con la que no sabía tratar y pasaba horas tumbado leyendo periódicos y folletines; el  aprendiz de novelista se escondía en los libros de su realidad de padre de familia y deudor hipotecario. Tanto para el asesino como para el escritor, Lisboa era el lugar en donde se abrirían las puertas de una nueva vida: el pasaje al África, a algún país en donde imperara el apartheid en el caso del primero, y la entrega a toda costa a la vocación literaria en el segundo.

Al asesino lo alcanza la policía cuando, fracasado su intento de viajar a Angola, deja Portugal y hace escala en Londres. En la cárcel, parece conforme con su destino y se pone a escribir sus memorias, que se publican el mismo año que El invierno en Lisboa. El escritor sí tiene ocasión de regresar a Lisboa y, cuando la deja por segunda vez, lo alcanza el amor de su vida. En los Estados Unidos dicen they gave him life cuando se condena a un preso a cadena perpetua y no a la muerte. Así sucedió con James Earl Ray, así sucedió con Muñoz Molina, al fin gustosamente encadenado a su oficio y a un amor de carne y hueso.

Como la sombra que se va nos abre un horizonte vital lleno a la vez de alegría, de belleza y de zozobra, como si nos asomáramos a la Boca do inferno y a las fronteras del mundo conocido de verdad, ya no en una película blanco y negro como las que tanto le gustaban a nuestro novelista joven. Porque a estas alturas sabemos ya en los huesos que la muerte llega en cualquier momento y que nos toca escuchar a Horacio,

Sean muchos inviernos o sea éste el último (…),

sé sabia, sirve el vino y ajusta a un breve espacio

las largas esperanzas. Mientras hablamos, huye envidioso

  el tiempo. ¡Goza este día! Nada cierto hay mañana.

11 pensamientos en “Como la sombra que se va: el carpe diem de Muñoz Molina

  1. He leído varios capítulos del libro vorazmente porque me ha atrapado desde las primeras páginas. Me ha gustado mucho este análisis de la obra. Esos paralelismos, esos cruces, el pasado y el presente de Antonio novelista, y el pasado remoto y “reciente” del asesino nos ofrecen distintas voces narrativas. Como siempre, un acierto.

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  2. No tengo tiempo de leer literatura ahora, en los proximos meses mis lecturas han de ser otras. Pero esperaré al verano para poder leer esta novela, AMM no me ha defraudado en sus novelas.
    Por cierto, ahora tienes dominio propio y no sé si saldrá mi comentario

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