Atravesar catástrofes

Un músico sordo. Un pianista manco. Un poeta afásico.

Ludwig van Beethoven, Paul Wittgenstein, Thomas Tranströmer. Los tres amaban profundamente su quehacer, los tres se enfrentaron a pérdidas físicas que les volvían casi imposible el cultivo de su arte. ¿Cómo consiguieron seguir activos? ¿”Hicieron” algo, o simplemente eran muy fuertes, “cableados para afrontar” como decía Ángela el otro día en su comentario?

No creo que exista una respuesta categórica.

A los 32 años, Beethoven escribe a sus hermanos una carta desesperada, conocida como Testamento de Heiligenstadt. Ha perdido poco a poco el oído. Se siente condenado a la soledad, porque ya no puede participar en una conversación sin pedir a su interlocutor que le hable más fuerte, y le aterra confesar que va quedándose sordo. “…Ach wie war es möglich, dass ich die Schwäche eines Sinnes angeben sollte, der bei mir in einer vollkommener Grade als bei andern sein sollte, imposible confesar la falla de una facultad que debería hallarse en mí más íntegra que en nadie, de una facultad que en mí alcanzó un grado de perfección que en muy pocos de mi oficio se ha dado…”. Poco me ha faltado para acabar con mi vida, escribe, es fehlte wenig, und ich endigte selbst mein Leben. ¿Qué lo detenía? Sólo el Arte me detuvo, me parecía imposible dejar el mundo antes de traer a la luz lo que el destino me guardaba. Lo dice como si los peores momentos hubieran pasado, pero el tono de angustia de la carta me habría dejado con el temor de un intento suicida serio, de haber sido yo su médico. Sin embargo, Beethoven decidió dejar la muerte para después. Puso fin a su carrera como ejecutante y se volcó de lleno en la composición (su Tercera Sinfonía es de otoño de 1802, igual que el Testamento). Tenía aún por delante 24 años de vida, y la mayor parte de su obra por hacer.

Paul Wittgenstein había iniciado con buenos auspicios su carrera de pianista  cuando en 1914 lo enviaron a la guerra. Tras recibir una herida de bala en el codo  derecho hubo de serle amputado el antebrazo; sin embargo, no quería dejar el piano. ¿Qué hizo? Encargó a una serie de compositores que escribieran para él conciertos para la mano izquierda, entre ellos a Ravel, Britten, Hindemith, Prokofiev, Strauss… Más que como intérprete se le recuerda por eso.

El poeta sueco Tomas Tranströmer era psicólogo de profesión, además de pianista aficionado. A los 59 años (en 1990) sufrió un accidente vascular en el hemisferio cerebral izquierdo, el que gobierna el lenguaje. Quedó afásico y con el lado derecho del cuerpo paralizado; tras una larga rehabilitación, le fue posible seguir escribiendo poesía pero no recuperó el habla ni el uso de la mano derecha. Nunca fue un poeta verboso; sus poemas evocan paisajes anímicos inmensos entre líneas tersas, elegantes y austeras. Así son también los haiku que figuran en su último libro El gran enigma, publicado en 2004 (me disculpo por citar en inglés, no me gusta la traducción castellana):

In the depths of the ground

my soul glides

silent as a comet.

Alma soterrada, pero luminosa y veloz. Como si estas cualidades brillaran mejor a través del silencio de la afasia. What unpredictable calm – it’s the inner voice. Tranströmer recibió el Nobel de Literatura en 2011. Por cierto, él también se hizo componer piezas para la mano izquierda.

Veo en los tres una clara disposición a aceptar la vida como venga, que es la condición primera del buen afrontamiento, ese gracias al cual la desgracia no me mata, sino me hace más fuerte. Miran de frente lo mismo los nubarrones de tormenta que los hilillos de oro solar que se cuelan a través. Y entonces, en palabras de Tranströmer,

A bridge builds itself,

slowly,

straight out in space.

10 pensamientos en “Atravesar catástrofes

  1. El caso del poeta afásico no lo conocía, te ha quedado un post muy bueno la verdad sea dicha! Encontrando los puntos en común. Me ha gustado mucho. Salud2!

    Me gusta

  2. Elena, el fin de semana pasado conocí a una mujer que había sufrido cinco ¡cinco! derrames cerebrales y no se notaba nada. Era una mujer madura, yo diría que en los sesenta o así, y sonreía continuamente, llevaba la alegría dentro. Cuando le dije que no parecía que hubiera pasado por cinco derrames, me contó que el habla le quedó muy afectada y que todavía le cuestan las palabras, pero que está mejorando porque se propuso hacer todo lo posible para recuperarse. Se le ocurrió jugar al Scrabble, no recuerdo si en el ordenador o por la tele, para recuperar el lenguaje. Me dijo que solía hacer quilts, pero que todavía no puede enhebrar la máquina de coser, que no recuerda cómo hacerlo y no es capaz de seguir las instrucciones porque cuando lleva unas cuantas líneas leídas ya ha olvidado las primeras. Su esposo, según me dijo, tiene problemas serios de salud, así que es ella la que conduce a todas partes. Y sonreía sin parar, los ojos brillantes, entusiasmada con mis telas. Y yo estaba rendida de admiración. ¡Qué mujer extraordinaria!

    Le gusta a 1 persona

  3. Querida Elena,
    Me dejas pensando en muchas cosas (como siempre). De donde vendrá esa capacidad de aceptar y adaptarse a una nueva realidad después de una pérdida así? Como hacer para darle a los niños esa capacidad, no solo de afrontar las adversidades, tambien de adaptarse a una nueva realidad con un “equipo” nuevo? Porque tengo esta impresión (seguramente errónea) que la generación anterior tenía mayor capacidad……

    Me gusta

    • Nos consta que nuestros padres y abuelos la tenían, porque no les tocó una vida fácil. Creo que muchos de tu generación y la mía, aquí en México, no hemos sido puestos a prueba más que a través del reto de construir una vida pacífica y ordenada -lo cual no es poca cosa tampoco.

      Me gusta

  4. A Beethoven le quedaba por componer no sólo la mayor parte de su obra sino, sin la menor duda, la mejor. Que, por otro lado, seguro que hubiese sido buenísima sin la sordera, pero distinta. Puede que nos hubiésemos perdido algunos de los más excelsos regalos que nos legó. Pero su caso me parece distinto, lo cual no es nada raro porque el personaje es excepcional. Más que la aceptación de la vida tal como le vino, lo que impresiona es la pasión que le llevó a seguir adelante, la fuerza de su pensamiento y de sus sentimientos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s