Robin Williams y la enfermedad de Parkinson

Ayer pasé un largo rato mirando videos de Robin Williams en YouTube, todos ellos grabados en ocasiones en las que se presentaba como comediante solista, improvisando buena parte de sus parlamentos. Volvieron a impresionarme su agilidad de bailarín de ballet, la velocidad de su pensamiento idéntica a la de un maniaco excepto porque Williams no se pierde, sabe exactamente adónde va con sus arrebatos; su goce contagioso al fingir otras voces y otros acentos, con ese control infalible del ritmo y la articulación necesarias para producir un determinado efecto en su audiencia. En un virtuoso como él, la devastación que produce la enfermedad de Parkinson habría sido una tragedia como la que vivió la violonchelista Jacqueline Dupré cuando la esclerosis múltiple la obligó, tan temprano, a retirarse.

Hace casi treinta años, cuando me gradué de médico, creíamos que los enfermos de Parkinson sufrían nada más de problemas motores -temblor en reposo, rigidez muscular y lentitud en los movimientos- que mejoraban muchísimo con levodopa (al menos, eso nos decían a los estudiantes). Desde entonces hemos aprendido mucho. La aparición del temblor característico va precedida por un cortejo de síntomas variadísimos que se presentan a lo largo de la década anterior: estreñimiento y molestias digestivas por deterioro de la inervación del tubo digestivo, anomalías cardiovasculares por fallas del sistema nervioso simpático, depresión y ansiedad que responden mal al tratamiento medicamentoso, trastornos del sueño como el síndrome de piernas inquietas o la pérdida de la atonía muscular normal durante el sueño MOR con lo cual la persona tiende a actuar sus sueños, somnolencia excesiva durante el día, pérdida del olfato… Cuando aparece esta última, suele haber ya cierta rigidez en los movimientos y en la expresión facial, que además se han vuelto más lentos. Se pierde el equilibrio con mayor facilidad que antes. La fluidez verbal no es la misma, y la memoria de trabajo, que es como la memoria en RAM del cerebro, se estrecha. Así como el cuerpo pierde movimientos espontáneos, el ánimo se vuelve apático, es decir, se pierden la motivación, la curiosidad y la respuesta emotiva a lo bueno o malo que suceda. Después vienen todos esos cambios tristísimos que vimos a lo largo de los años en el papa Juan Pablo II.

Robin Williams traía encima, sin duda, muchos de esos síntomas tempranos. Y sabía que perdería el uso de su cuerpo, de su voz y de su pensamiento. Se me quedó grabada una entrevista, la Parkinson Interview así llamada no por la enfermedad sino por el nombre del locutor británico que la llevó a cabo en 2002. En ella Williams parodia (minuto 19) la rigidez, las fallas de equilibrio y el lenguaje farfullante del ya muy enfermo Juan Pablo II. Qué cosas tiene el destino.

 

13 pensamientos en “Robin Williams y la enfermedad de Parkinson

  1. El triste suicidio de Robin Williams nos ha dejado pensando mucho; personalmente no sabía que presentara síntomas tempranos de la enfermedad de Parkinson; tu entrada me dejo pensando más que la propia muerte de Williams, como por ejemplo la correlación de una depresión resistente al tratamiento que junto con el pronóstico de una enfermedad así de incapacitante sea la fórmula perfecta para resultar en un suicidio….
    Un abrazo

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    • La familia reveló que hacía poco se había diagnosticado Parkinson a Williams cuando después de su muerte comenzó a especularse si había recaído en el alcoholismo y toxicomanía de otros tiempos. Nada de eso, estaba sobrio, dijeron. Posiblemente hizo falta quien le ayudara a reorientar su vida.

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      • Y ahí es donde tenemos mucho que hacer los psicoterapeutas, ojalá en nuestro país hubiera más conciencia de la importancia de la necesidad de esa clase se ayuda. Que buen tema Elena, gracias

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  2. Hola Elena,
    yo, al igual que Myrna, desconocía que pudiera tener síntomas precoces de Parkinson. Me ha gustado mucho leer el post de hoy pues en algunas cosas referentes a esta enfermedad me había “quedado” en las clases de la facultad (y de eso hace unos cuántos años). Siempre un placer seguirte para actualizarme en un campo que tengo un poco “olvidado”.
    Un abrazo.

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  3. Robin Williams no es el único enfermo de Parkinson; se trata de una enfermedad muy frecuente que merma tanto las capacidades de un actor privilegiado como la vida corriente de muchos otros pacientes anónimos. Habría que lamentarse por las causas de tan terrible decisión, por qué su imposible resistencia, por qué su soledad, por qué nadie le ayudó en la aceptación y en el afrontamiento.
    Se puede vivir enfermo, se puede ser feliz enfermo, se puede dar felicidad siendo enfermo.
    El suicidio es una solución definitiva, tal vez el problema no lo sea tanto.
    Gracias por hacernos reflexionar.

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  4. Quedo a la espera de la entrada sobre el afrontamiento. Mientras tanto, me pregunto: ¿por qué habría sido mejor para Robin Williams afrontar lo que el futuro le deparaba? Evidentemente, desde el punto de vista de un ser vivo con un instinto de supervivencia intacto, la idea de la muerte y más la del suicidio son rechazadas. Pero ¿no tiene efectos la enfermedad sobre el instinto de supervivencia? ¿No es la pérdida del instinto de supervivencia un síntoma más de la enfermedad?
    Yo no estoy segura de que el afrontamiento provenga de la voluntad, más bien creo que depende de una capacidad del organismo de una persona, de cómo este responde a los ataques. Desde este punto de vista, no tiene más mérito quien mejor afronta, lo que tiene es más capacidad, está cableado para afrontar. Otra discusión interesante sería por qué “afrontar” es un valor positivo y “rendirse” es negativo.

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  5. Muy interesante el post, y también alguno de los comentarios.
    No voy a hacer juicios de valor sobre su decisión, pero comparto la lástima que sientes y el “quizás le podrían haber apoyado un poco más” o que le ayudaran en la reorientación (reorientación que quizás, nunca hubiese llegado, quién sabe).
    Está claro que es una decisión tremendamente personal, es decidir sobre su vida y su final. Pero también veo correcto que nos lamentemos por una pérdida, más aún si nos queda la sensación de “poder haber hecho algo más”.

    Salud2

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  6. Hola Elena, yo tampoco sabía que Williams sufría de Parkinson incipiente, en los medios de comunicación se hablaba casi todo el tiempo de depresión. Me gustó mucho el árticulo, menos…(ufff, espero que no lo tomes a mal…) la última frase, que me suena casi a ‘castigo de Dios’ jajaja, o ‘moraleja’, cuando creo que es el primero que se hubiera imitado hasta a si mismo con Parkinson extremo. No excluía a nada ni nadie en sus interpretaciones y eso admiro tanto de él como artista que era, que no tenía miedo de reflejar todos los lados de lo humano, incluido la enfermedad. Espero haberme explicado bien. Un abrazo.

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