Artistas del hambre

La semana pasada tuve la fortuna de asistir a un curso sobre la prevención de los trastornos de la alimentación en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente (Ciudad de México), coordinado por Claudia Unikel, Doctora en Psicología, y Griselda Galván, Médico Psiquiatra especialista en trastornos de la alimentación. Aprendí muchas cosas. Van cayendo por tierra una serie de mitos sobre la anorexia nervosa, por ejemplo que es una enfermedad de chicas de clase media y alta (falso; ataca también a personas cuyas familias apenas pueden pagar los pasajes para llegar a la consulta en el Instituto); que es rarísimo que un varón la sufra (no podemos decir “rarísimo” si hay uno por cada diez mujeres); que sus causantes son una dinámica familiar anormal y las revistas de moda con su promoción de una figura delgada (verdades a medias: se ha comprobado la participación de factores genéticos, y hay registros históricos de anorexias medievales).

Como los aquejados creen que la anorexia no es una enfermedad sino un estilo de vida libremente elegido, incomprensible para los no iniciados, no buscan ayuda e incluso se resisten enérgicamente a recibirla. Por eso ha sido muy difícil tratarla, y también obtener cifras de prevalencia confiables. En México, por ejemplo, la prevalencia es oficialmente nula, lo cual no quiere decir que no exista, sino que no se la reconoce.

El padecimiento suele iniciarse entre los 15 y los 19 años de edad, aunque no están exentos de él ni los niños ni las personas adultas. Para que aparezca es indispensable que coincidan la insatisfacción con el propio cuerpo, una baja autoestima y situaciones de vida que propicien ansiedad o depresión. Típicamente, una chica adolescente que reúne estas condiciones comienza a hacer dietas para verse delgada como modelo de pasarela (ojo: digo “verse” porque aquí importa más la distorsión de la imagen corporal que el peso y medidas reales); por llegar más rápido a su meta reduce su cuota diaria de calorías hasta niveles de campo de exterminio y además pasa horas haciendo ejercicio. Tal vez consuma diuréticos o laxantes. Cuando tras alcanzar un peso bajo para su edad, estatura y sexo la persona sigue ayunando porque su imagen corporal sigue sin gustarle, cuando tiene además un gran temor de engordar y no se da cuenta ni de que se pone en peligro ni de cómo ha cambiado su cuerpo, se ha instalado ya el trastorno psiquiátrico de mortalidad más alta: la anorexia nervosa.

Aún dejando de lado la tasa de mortalidad del 5.9% que tiene la anorexia, las consecuencias de la desnutrición profunda que sobreviene en estos casos son trágicas por tratarse de personas tan jóvenes. Por ejemplo, la pérdida de densidad ósea en un momento de la vida en que normalmente los huesos alcanzan su máxima densidad, no se revierte por completo aún cuando se recupere el peso corporal. Al llegar a la edad adulta, una bailarina de ballet que ha padecido anorexia en su adolescencia tiene un riesgo tres veces mayor de fracturarse las piernas que su compañera bien alimentada.

La adhesión fanática al ideal estético de delgadez extrema es casi inamovible una vez que se ha abrazado la anorexia como estilo de vida. Por eso Claudia Unikel y sus colaboradores del INPRF se han esforzado en diseñar formas de intervención que impidan a los jóvenes en riesgo (aquellos en los cuales hay baja autoestima, insatisfacción con la imagen corporal y ansiedad o depresión) seguir por un camino tan peligroso. Por ejemplo, modificando mediante disonancia cognoscitiva la idea tan común de que sin un cuerpo delgado no te va bien en la vida, y fomentando tanto la apreciación de diversas formas de belleza corporal como el cultivo de cualidades y actitudes verdaderamente útiles para vivir mejor.

5 pensamientos en “Artistas del hambre

  1. Querida Elena, como siempre nos compartes un tema interesante que nos es conocido a todos y medio entendido (o intentando entender) por algunos locos que nos interesa el tema. Hace algunos años leí un libro extraordinario ” wasted” de Marya Hornbacher y ella describe como la anorexia es un trastorno que siempre deja una huella permanente en la persona que lo padeció alguna vez, como la mente tiene que estar siempre en lucha para no recaer, desgarrador… Un abrazo

    Me gusta

  2. Pingback: Artistas del hambre

  3. Hola Elena,
    pues yo seguía convencido de que afectaba a chicas de clase media y alta (así nos lo explicaron en la facultad). Imagino que siguen siendo el grupo más numeroso entre los que la padecen.aunque puede ser que con el tiempo y en la sociedad cambiante en la que nos encontramos, aumente también en otros niveles socioeconómicos. El dato que das de la osteoporosis en la vida adulta/menopausia es muy relevante sobre todo por padecer la anorexia en esa etapa de formación ósea. A veces nuestra mente es nuestro peor enemigo.
    Un abrazo y magnífico artículo, siempre los espero con impaciencia.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s