Microexpresiones

El fluir de las emociones se refleja de continuo en el rostro, en las inflexiones de voz, en los movimientos y en la postura. Podemos leerlas porque hay un código común a todos los seres humanos para la expresión de las emociones básicas, que nos permite reconocer la alegría, la cólera o la tristeza no sólo en los rostros de familiares y amigos, sino también en los de personas que habitan una cultura totalmente diferente, o incluso en los trazos de un emoticón. Darwin iba más allá y las encontraba en otras especies cercanas a la nuestra.
Parece un asunto trivial, pero en realidad es maravillosos y extraño. Una muestra más de cómo tenemos el alma profundamente anclada en este barro del que estamos hechos.
Paul Ekman es un psicólogo norteamericano que ha dedicado su larga vida a estudiar el tema. Ekman dejó bien claro que las que él llama emociones básicas (cólera, temor, tristeza, desprecio, sorpresa, repulsión y alegría) se expresan en todas las culturas mediante los mismos movimientos faciales; sin embargo, encima de este fundamento se asienta un inmenso aprendizaje cultural y personal- ¿debemos ocultar ciertas emociones? ¿cuándo es lícito mostrarlas y en qué medida?¿qué es mejor hacer si alguien se enoja conmigo, huir, atacar, o apaciguarlo?- Problemas que resolvemos varias veces cada día, por lo general sin pensarlo mucho.
Cuando por conflictos conmigo misma o con las reglas de la cultura en la que habito no puedo mostrar abiertamente mi enojo o mi tristeza, intentaré esconderlos tras una cara de palo (como decimos en México) o fingiendo una emoción diferente, y se manifestarán nada más a través de microexpresiones brevísimas, de fracciones de segundo, que mi interlocutor no percibirá a nivel consciente. Si es una persona muy sensible, las registrará sin darse cuenta e intuirá que mi rostro y mis palabras llevan doble fondo. Si se trata de alguien que por interés profesional ha estudiado las finuras de la expresión emotiva, tal vez las reconozca explícitamente, como sucedía hasta el cansancio en la serie de televisión Lie to Me (cuyo protagonista me era profundamente antipático por su hábito de confrontar a todo mundo). Paul Ekman fue asesor científico de esta serie y afirma que sí es posible aprender a descifrar conscientemente las microexpresiones en tiempo real, sin tener que filmarlas en cámara lenta; él mismo ofrece entrenamiento en línea.
Yo creo que, sin ponernos tan tecnológicos ni obsesionarnos con la anatomía de los músculos faciales, podemos aprender mucho de la buena literatura. Abro al azar Sefarad, de Muñoz Molina:
La puerta se abre y ella está mirándome y al principio no me reconoce, tiene la expresión desconfiada e interrogativa de quien se enfrenta a un vendedor a domicilio, la misma predisposición hostil. (…) Qué sorpresa, me dice, no te había conocido, y esboza una sonrisa que le ilumina los ojos con un brillo de otro tiempo.
Dejémonos llevar por la magia de las palabras y veamos ante nosotros la escena. La próxima vez que, en la vida real, encontremos algo semejante captaremos mejor la mezcla de emociones en juego.

10 pensamientos en “Microexpresiones

  1. Hola Elena,
    ciertamente no somos tan diferentes pues todos tenemos un antepasado común. Lo que me ha sorprendido es lo que has dicho de Darwin y ese código común para expresar las emociones simples incluso en especies próximas a la nuestra. ¡Extraordinario!
    Un saludo

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  2. Elena, que interesante blog, confieso que a mi me encanta la serie ” lie to me” ja ja, justo por lo fascinante de lo que descubrimos en estas micro expresiones que hablas. Además me parece que ahí encontramos asomado un pedacito del inconsciente en esas incongruencias de estas con el lenguaje verbal. Gracias

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  3. Como no puede ser de otra manera, un tema interesantísimo, Elena, sobre el que creo que creo que hay mucho que decir…
    Coincido contigo en la poca simpatía que me inspira el protagonista de “Lie to me”.
    Y me pregunto si Su Majestad Británica, la reina Isabel, habrá leído a Ekman antes o después de su encuentro con James Bond… ;)

    P.D.: Maravilloso párrafo el de Muñoz Molina…

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  4. Un buen fotógrafo es aquel que te cuenta una historia con una imagen. Un buen escritor, aquel te que muestra una secuencia de fotografías con las palabras.

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