Puntos de quiebre

El clima templado del Holoceno (así llamamos a la época que comenzó al ceder la última glaciación y en la cual vivimos), se ha mantenido estable durante unos once mil años, permitiendo a nuestra especie desarrollar la agricultura y las civilizaciones que dependen de ella. Al decir estable, los climatólogos no se refieren a una ausencia total de cambios, sino a que las variaciones climáticas han sido graduales y no catastróficas. Cuando han ocurrido perturbaciones serias, por ejemplo tras una gran erupción volcánica, éstas desaparecen tras cierto tiempo y el clima recupera su estado anterior.
Pero el equilibrio entre los elementos que determinan el clima puede cambiar radicalmente, como ya ha sucedido en otras épocas, si alguno de estos elementos se altera lo suficiente. En los últimos años ha surgido un gran interés en reconocer los tipping points, los puntos de quiebre, del sistema climático -los umbrales críticos en los cuales, en respuesta a un cambio aparentemente muy pequeño, el sistema da un vuelco difícilmente reversible y adopta un nuevo estado.
Cada pieza del rompecabezas climático tiene su propio punto de quiebre. ¿Podrá la Antártida recuperar el hielo perdido, o ha llegado ya a su punto de quiebre? ¿Cuánto calor, cuánta sequedad tolerará la selva amazónica, antes de convertirse en una sabana? ¿Qué tanta agua de deshielo podrá absorber la circulación termohalina sin que la Corriente del Golfo, a la cual debe Europa Occidental su clima templado, se paralice? Estos son sólo tres de los nueve tipping elements que podrían alcanzar su punto de quiebre en este siglo, según los ha identificado Timothy Lenton.
Si alguno de estos elementos alcanza su punto de quiebre, la posibilidad de que se genere una especie de efecto dominó y los demás caigan rápidamente será mayor. El deshielo en los polos trae cambios en las corrientes oceánicas, lo cual altera la distribución de las lluvias y las condiciones de humedad en los trópicos; si se pierde vegetación, el CO2 atmosférico aumentará aún más, incrementando el efecto invernadero y la acidez del mar… Como se ve, las consecuencias son mucho más complejas que la simple elevación del nivel de los mares, y más costosas que perder un metro de playa o ponerle puertas al mar para salvar Venecia del hundimiento.
Así las cosas, la insistencia de los expertos en que reduzcamos las emisiones de CO2 no se debe a una certeza de que este gas invernadero sea el único causante del posible desastre, sino a que es el único factor que depende en gran parte de la actividad humana. No podemos impedir las erupciones volcánicas, ni modificar la inclinación del eje terrestre (que tiene su propio ciclo milenario, pertinente al clima) para que el sol nos caliente menos. Pero apagar un foco, ir a pie o en bici y no usar un auto de ocho cilindros sí están en nuestras manos, humilde y cotidianamente.
Como todo sistema complejo, el clima terrestre tiene mecanismos de retroalimentación que le permiten mantenerse en equilibrio. La captura de CO2 por medio de la fotosíntesis es uno de ellos. Se me ocurre que nuestra capacidad de comprender lo que sucede y de planear nuestras acciones podría ser un nuevo mecanismo natural de retroalimentación, nuevo geológicamente hablando pero tan inherente al sistema climático del Holoceno como la respiración de los árboles. Ya es tiempo de asumir que somos parte de la Tierra.

4 pensamientos en “Puntos de quiebre

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