Allí donde el viento…

Hay sueños en los que nos vemos en un escenario vital de hace años, pero con la edad y apariencia de ahora. La gente es la de entonces. Nos sentimos un tanto cuanto descolocados, porque en el sueño parece haber cambiado la historia, y se abren de nuevo puertas cerradas  mucho tiempo atrás. Suelen ser sueños muy vívidos, con pocos elementos fantásticos y una intensa sensación de realidad; nos avisan que hemos dejado asignaturas pendientes en la vida, que hay asuntos resueltos a medias que ya no pueden quedarse así, que las soluciones que parecían no tan malas entonces se nos están volviendo insufribles. Hay que tener cierta edad para soñarlos: no se les dan a los muy jóvenes.

Así comienza la novela de Maia Losch, Allí donde el viento espera. Ana, la protagonista, tiene 49 años y, con sus libros y una taza de café negro en las manos, busca una mesa libre en el bar de la universidad de Montevideo. Recién inscrita, no conoce a nadie. Parece que allí sólo hay gente treinta años más joven que ella. Por fin, encuentra un lugar cerca del único hombre que peina canas en el recinto.
Pero Ana no está soñando. Está, como ella misma dice, “cumpliendo un sueño” perfectamente despierta y en sus cinco: se ha matriculado por primera vez en la Universidad, para cursar Filosofía.

La semejanza de la primera escena de la novela con esos sueños en los que volvemos sobre nuestros pasos para desatar lo que ahora pide fluir libremente no es casual. A Ana no le fue dado vivir a fondo su adolescencia; a resultas de sucesos trágicos de los cuales se creía culpable, sin saber que le caían encima desde otros tiempos y otros mundos, buscó refugio en un matrimonio al que le faltaron siempre pasión y entusiasmo. Aunque su cuerpo llevara  inscritas las marcas de dos embarazos y casi cinco décadas de vida, no dejaba de sentirse “detenida entre los 15 y los 20”. A la mágica edad de 49 (¡siete semanas de años!) comienza a ir y venir entre sus recuerdos a la vez que vuelve más amplio su presente, nunca en línea recta sino trazando círculos que la hunden en un goce amoroso desconocido hasta entonces, la acercan al frío de la muerte, la llevan finalmente a elegir su futuro y a dar por terminados sus duelos de juventud.

Mirando las cosas por encima, nada especialmente extraño sucede en Allí donde el viento espera. Si nos fijamos bien, vemos que la lógica de la novela es la lógica de esas largas secuencias de sueños que dan cuenta de un proceso incontenible de crecimiento interior. Al llegar a la última página nos quedamos deseando saber adónde irá Ana, ya no adolescente vieja sino mujer madura, con su recién hallada libertad.

4 pensamientos en “Allí donde el viento…

  1. Muchísimas gracias por la reseña. No sé muy bien qué decir porque todavía me resulta extraño ver mi nombre por ahí, disperso, al lado de un libro que escribí con tanta lentitud como dificultad de palabras, y con tanto temor y anhelo. Muchas gracias, Elena…

    Me gusta

    • Lanzaste tu libro al mundo, y la historia de Ana es ahora parte de la vida de los que gracias a ti la conocemos y aprendimos a quererla. Cada quien la entenderá a su modo, desde su experiencia y sus problemas, tal vez encontrando en ella cosas que nunca quisiste decir. No importa, para eso son las buenas novelas.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s