Sueños, ensueños

En el mundo interno de cada quien hay un teatro que monta varias representaciones cada noche, para la edificación, regocijo o espanto del soñante, que se ve obligado a contemplarlas porque duerme y no puede encauzar sus pensamientos, ni moverse, porque los músculos voluntarios pierden casi por completo su tono durante la fase REM del dormir.

¿Qué son, de dónde vienen las imágenes oníricas, quién es el guionista? No acabamos de saberlo a ciencia cierta. Cada cultura, cada época busca sus propias respuestas, y ve en los sueños la voz de algún dios, la visita de algún demonio o de un fantasma, la manifestación por excelencia de las fuerzas ocultas del inconsciente… Respuestas que tienen en común la naturaleza pasiva de la vivencia del soñante, muy de acuerdo con la vieja expresión alemana mir träumte , con el pronombre en dativo, dando a entender que el soñar no es algo que yo hago, sino algo que me sucede.

Esto es así porque durante el dormir descansan las áreas cerebrales encargadas de organizar y llevar a cabo los actos voluntarios. Las áreas responsables del suceder onírico son otras. Se les ha llamado default network porque son las que se activan cuando no hacemos nada -cuando andamos con la cabeza en las nubes, pensando en la inmortalidad del cangrejo o recordando el último regalo de la abuela, y cuando al dormir soñamos (por cierto, lo de no hacer nada es un decir: el dolce far niente consume tanta o más energía como la concentración intensa del que resuelve un problema matemático). El default network se considera, de unos años a la fecha, como un “sistema” a la manera del sistema visual o el sistema motor -una red de áreas cerebrales que actúan en conjunto para llevar a cabo una tarea. En este caso las áreas implicadas, que son ajenas a los sistemas motor y sensitivo, se encargan de que podamos monologar en silencio, tejer y destejer recuerdos, aquilatar sentimientos o imaginar el futuro. En los gabinetes de imagen cerebral esto se llama stimulus-independent thought o mind wandering; en la más que centenaria tradición psicoanalítica se llama asociación libre, que es lo que hace el analizando al explorar en el diván su mundo interno.

¿Cómo llegaron a enterarse estos señores de la neurociencia de hoy, tan lejanos a Freud, de que las clásicas vías de acceso al inconsciente tienen un sustrato anatómico propio? Serendipia pura. Proliferaban en la década de los 90 los estudios de neuroimagen funcional para determinar qué áreas cerebrales se activaban cuando el sujeto llevaba a cabo una tarea sencilla, como nombrar colores o escuchar tonos. Las imágenes obtenidas se comparaban con las del mismo cerebro mientras el sujeto descansaba, y pronto se vio que ciertas áreas, siempre las mismas, mostraban menor actividad durante la tarea que durante el reposo. Así fue como se suscitó entre quienes trabajan con neuroimagen un enorme interés por averiguar -desde fuera, “objetivamente”- qué sucede en el cerebro cuando la mente vaga en libertad. Hermosos hallazgos, pero por esa vía no se llega muy lejos. Para saber más hay que mirar el proceso desde dentro, desde la experiencia de quien sueña o imagina. Hay que preguntar a Cervantes prisionero en Sevilla o a Juan de la Cruz encerrado en el monasterio de Toledo cómo escaparon de la cárcel viajando hacia adentro de sí mismos. Hay que ver por qué Hans Castorp eligió quedarse a vivir en la Montaña Mágica, contemplando los Alpes desde su balcón, en lugar de volver a Hamburgo a trabajar como ingeniero naval.

Sueños, ensueños, pensamientos desatados. Surgen de la misma cuna biológica y contribuyen por igual a dar sentido a la vida.

13 pensamientos en “Sueños, ensueños

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  2. Hola Elena,
    siempre me ha fascinado el mundo de los sueños (supongo que como a casi todos de nosotros). Me quedo con la frase que dices…”soñar no es algo que yo hago, sino algo que me sucede”. Pero esa transición de la realidad al sueño aún me parece más increíble incluso. Cuando el cuerpo se relaja la mente se abre. Muchos de las grandes ideas de la Humanidad y de la Ciencia, muchas obras maestras de la pintura… han surgido en ese momento de paso, fue entonces cuando encontraron esa inspiración de genialidad. Recuerdo una anécdota que contaba en una ocasión un astronauta (no recuerdo el nombre) de la NASA. Se encontraron con un problema serio a la hora de fabricar una pieza (tampoco recuerdo qué pieza ni para qué la necesitaban pero el asunto era serio). Pasaban los meses y nadie daba con la solución. Reuniones, consultas a los mejores científicos e ingenieros del mundo… Nada, nadie lo resolvía. Cuando ya lo daban por imposible, el astronauta al que me refería al principio, cansado de otro agotador día se metió en la cama y justo antes de comenzar a soñar… ¡Eureka! Dio con ella…
    Un saludo onírico.

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  3. Ya lo he dicho antes pero no me privo de repetirlo las veces que haga falta: ¡Qué placer es aprender en este blog!
    Esta vez con el misterioso mundo onírico como protaginista, es decir, la vida… porque, como decía Calderón de la Barca: “que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

    “Sueña el rey que es rey, y vive
    con este engaño mandando,
    disponiendo y gobernando;
    y este aplauso, que recibe
    prestado, en el viento escribe,
    y en cenizas le convierte
    la muerte, ¡desdicha fuerte!
    ¿Que hay quien intente reinar,
    viendo que ha de despertar
    en el sueño de la muerte?

    Sueña el rico en su riqueza,
    que más cuidados le ofrece;
    sueña el pobre que padece
    su miseria y su pobreza;
    sueña el que a medrar empieza,
    sueña el que afana y pretende,
    sueña el que agravia y ofende,
    y en el mundo, en conclusión,
    todos sueñan lo que son,
    aunque ninguno lo entiende.

    Yo sueño que estoy aquí
    destas prisiones cargado,
    y soñé que en otro estado
    más lisonjero me vi.
    ¿Qué es la vida? Un frenesí.
    ¿Qué es la vida? Una ilusión,
    una sombra, una ficción,
    y el mayor bien es pequeño:
    que toda la vida es sueño,
    y los sueños, sueños son.”

    Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). “La vida es sueño” (Monólogo de Segismundo, al final del primer acto).

    Y, por cierto, ya para terminar… yo que siempre estoy deseando encontrar un tiempo para el “dolce far niente”, me quedo bastante más tranquilo por no disfrutarlo al saber que “consume tanta o más energía como la concentración intensa del que resuelve un problema matemático”. ¡Qué alivio! ;)

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  4. Como siempre fascinada de leer tu blog, como fascinante el tema, que se ha tratado de explicar desde la ciencia exacta y empírica, la religión, el misticismo, la espiritualidad, el psicoanálisis, en fin, sin duda una función importantísima de nuestro cuerpo que nos tiene a todos fascinados. Gracias Elena

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