Volver a Muñoz Molina

Después de tanta psicopatía, de tantas horas inmersa en el árido inglés de las revistas científicas, ¡qué alivio, qué gozo volver al buen español de Antonio Muñoz Molina!

Me interné de nuevo en Ardor guerrero, su memoria de la mili, y comprobé lo que sospechaba: por temperamento y por actitud ante la vida Muñoz Molina está en las antípodas de la psicopatía. En sus años de juventud lo ponían a temblar y a sudar frío las catástrofes que imaginaba con lujo de detalles, lo aturdía el ruido de los disparos en las prácticas de tiro, lo hacía sufrir el desamparo de los reclutas recién llegados al cuartel. Es decir: propensión a la ansiedad, imaginación desatada y potentísima, sensibilidad nerviosa extrema, capacidad empática muy grande. Un anti-James Bond.

A unos meses de su llegada al cuartel lo nombraron mecanógrafo. Con ayuda de un compañero de oficina falsificó un carnet militar y un pasaporte que le permitirían viajar a su pueblo. Fantaseaba que lo descubrirían al pedir el billete del tren, que lo arrestarían ignominiosamente, que sería sometido a consejo de guerra. Estaba tan nervioso que dejó el carnet sobre el mostrador de la taquilla y hubo que llamarlo a gritos, por su nombre falso, para que lo recogiera. “Al vacío en el estómago se añadió una flojera de piernas y un acceso de sudor en las palmas de las manos”… Magnífico ejemplo de la total ineptitud para una carrera en la milicia, el espionaje o la mafia.

A los que somos así nos producen una curiosidad enorme, una fascinación mezclada con repulsión los personajes psicopáticos. Hacemos un gran esfuerzo por imaginar cómo son por dentro, qué los mueve.  Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca, así arranca Beltenebros, con nuestro autor, que nunca se llevó bien con las armas, metiéndose en la piel de un asesino para ver desde sus ojos la historia que va a contarnos. En Plenilunio otra vez el esfuerzo por seguir momento a momento los pensamientos, las repugnancias, las fantasías del violador de niñas, por entender sus motivos. Personaje bien poco interesante, por cierto, como suelen ser los psicópatas cuando se contempla de cerca su vida interior. Tal vez nuestro autor llegó a la misma conclusión, a juzgar por la entrevista que concedió en 1997 a Juan Manuel de Prada.

“ Hace poco me llamó un escritor que deseaba escribir un libro sobre un jerarca nazi: sabía que yo tenía mucha bibliografía sobre el holocausto y me dijo que estaba interesado en las honduras del alma de esta gente… ¿Qué honduras? Lo que interesa en literatura es la hondura del alma del que sufre; la hondura del alma del funcionario de la muerte carece de interés.”

La hondura del alma del que sufre. De la solidaridad con los perseguidos y desplazados que se esfuerzan en preservar intacta su humanidad surgió Sefarad, esa historia de historias en la que los verdugos son, como el Mefistófeles de Goethe, una parte de esa fuerza que quiere el mal y hace el bien.

A propósito: Muñoz Molina describe hoy en su blog a un novelesco psicópata de la vida real pero ya no se siente tentado a contar su historia. “¿Cómo hacer verosímil  a un personaje que de antemano ya parece una caricatura exagerada… ?” dice. Cómo le agradezco que piense así.

2 pensamientos en “Volver a Muñoz Molina

  1. A esa misma conclusión llegó Hanna Arendt luego de presenciar el proceso que le hicieron aquí en Jerusalem a Eichmann. Lo que la llevó a escribir su libro Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil, por el que fue muy criticada por parte de la colectividad judía. Ella dijo que Eichmann no era un monstruo sino un tipo que no era incapaz de pensar por sí mismo, lo que trajo cola. En fin que el tema es demasiado amplio como para desarrollarlo aquí pero te invito a que veas este vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=WDovm3A1wI4 Molina me demostró ser un gran hombre en más de una oportunidad. Nunca me decepciona.
    Un saludo.

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    • Acabo de ver el video, completo. Qué mujer tan clara y tan fuerte. Me quedo con las últimas frases: nunca sabemos qué resultará de lo que hacemos, y sólo es posible atreverse a actuar desde la confianza “an das Menschliche aller Menschen” – desde la confianza en la humanidad de las personas.

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