Puentes

Hace poco más de veinte años comenzaba yo a formarme como psicoanalista, a la vez que trabajaba como consultante en psiquiatría en un hospital de la Ciudad de México dedicado a la enseñanza de la medicina interna, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (brevemente Nutri para los médicos del sur de la ciudad).
En el Instituto de Psicoanálisis estudiábamos el desarrollo de la libido, de las estructuras psíquicas y del mundo interno siguiendo a Freud, Klein, Hartmann, Mahler y Kohut. Todavía no estaba de moda la teoría del apego. Peter Fonagy, un desconocido entonces, tenía apenas 11 publicaciones en su haber (ya son 105). Con estos elementos nos las arreglábamos mal que bien para entender los trastornos mentales. En cambio, en el hospital había que leer lo último sobre diabetes, hipotiroidismo, lupus o VIH y contemplar la depresión desde sus causas “orgánicas”. Alguna vez se me pidió una opinión sobre por qué un enfermo tenía tal o cual tipo de personalidad y yo dí una explicación basada en lo que sabía de su historia de vida, analíticamente correcta pero no convincente para el internista, que era uno de esos médicos que gustan de los “datos duros”.
– Me dices que el enfermo no cuida de sí mismo porque nunca lo cuidaron, también podrías decirme que es así porque lo sobreprotegieron. Es lo que no me gusta de ustedes los psi-.
Tenía razón. No había manera de explicar cómo, si infancia es destino, hay quien pasa de una niñez atroz a una madurez generosa y brillante, o viceversa. Muchas supuestas “explicaciones” psicoanalíticas son en realidad descripciones de cómo sucedieron las cosas, llenas de sentido para el analizando que las ha vivido pero muy poco útiles para quien busca identificar las causas y efectos comunes a una serie de casos semejantes. Descripciones éstas que están del lado del Verstehen, el comprender que decía Dilthey, accesible desde la subjetividad, y no del Erklären que explica la concatenación de causas y efectos, propio de las ciencias naturales.
La brecha entre un lado y el otro de mi quehacer diario era entonces infranqueable. Intentaba tender un puente sobre ella acudiendo a conceptos como el de las series complementarias, que era como llamaba Freud a la conjunción de los misteriosos factores constitucionales con los factores vivenciales, indispensables ambos para producir una neurosis, y esperaba que algún día entendería mejor.
A este blog, que acaba de cumplir un año, lo anima el júbilo de encontrar cada semana dos ó tres piececillas más de este gigantesco rompecabezas que es el puente entre lo mental y lo biológico. Me acabo de enterar, por ejemplo, de que la oxitocina, la maravillosa hormona del apego, surte efectos diferentes según cuál sea la variante genéticamente determinada del receptor al que se une. Una de estas variantes confiere mayor resistencia a la adversidad temprana y promueve la formación de un patrón de apego seguro – por ahí podríamos intentar explicarnos cómo es que ciertas personas se conservan generosas y amables en medio de la desgracia. Otra, en cambio, se asocia a la “mala copa” – la agresividad en quien ha bebido alcohol , que tal vez hace noventa años habría sido atribuída a una regresión a la fase oral canibalística.

Puente movedizo y extraño, como el de Lezama Lima.

En medio de las aguas congeladas o hirvientes,

un puente, un gran puente que no se le ve,

pero que anda sobre su propia obra manuscrita,

sobre su propia desconfianza…

8 pensamientos en “Puentes

  1. Ante todo felicitaciones por el aniversario del blog, que yo agradezco exista con cada nueva entrada.
    Por lo demás, me resulta imposible creer que ante una conformación genética diferente resulten, bajo las mismas circunstanicas, dos resultados iguales. Hace poco leí el libro The Highly Sensitive Person, de Elaine Aron, quien explica básicamente el porqué dos personas, una extremadamente sensitiva y otra “normal”, reaccionan diferente a un mismo estímulo. Intentar aunar todo el comportamiento humano en una fórmula matemática es como desconocer que todo número puede ser negativo o positivo, según de qué lado del cero comencemos.
    Un abrazo.

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    • Exactamente, adivinamos el pasado, igual que Tiresias. Y a veces cambiamos así la historia de la persona. No sé si los economistas puedan cambiar la historia de la sociedad al predecir el pasado – ¿o sí? ¡Aterrador! ¡Edipo se arranca los ojos, los políticos conducen al país al hambre y la recesión!

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