Alzheimer y priones

La enfermedad de Alzheimer se vuelto más visible gracias a que ahora vivimos más. Aunque no afecta exclusivamente a los viejos, la mayor parte de quienes la sufren tienen más de 65 años, y a partir de esta edad la posibilidad de desarrollarla se duplica cada cinco años. La asociación Alzheimer’s Disease International calcula que entre 2010 y 2050 el número de personas que sufren demencia se duplicará cada veinte años, precisamente en estos tiempos en que se espera de nosotros que trabajemos hasta los setenta y más allá.

Entre la multitud de materiales que Coursera ofrece al estudiante de Care of Elders with Alzheimer’s Disease, el relato de Michael Ellenbogen de su experiencia con la enfermedad de Alzheimer ha sido, para mí que no suelo atender a personas con demencia, una aportación magnífica. Los que tenemos un cerebro en buenas condiciones damos por descontado que es muy sencillo hacer una serie de cosas en realidad maravillosas y difíciles. Por ejemplo, atender a una conversación solamente, cuando alrededor hay muchas otras personas platicando. O encontrar en las pantallas del aeropuerto la información sobre un vuelo.
Antes de enfermar, Michael Ellenbogen se hacía cargo de la red de telecomunicaciones de un banco y era un entusiasta de las nuevas tecnologías. Nunca olvidaba nada, era capaz de atender tres llamadas telefónicas a la vez, entendía de inmediato el funcionamiento de cualquier aparato que debía usar. A los 39 años comenzó a notar que olvidaba asistir a reuniones de trabajo y no podía recordar sus contraseñas. Cuando fue al médico a quejarse de sus problemas de memoria, no pudo dar ejemplos concretos de sus dificultades y decidió comenzar a registrarlas todas, según relata en su libro From the Corner Office to Alzheimer’s (en Amazon). La lista incluye tener que remarcar varias veces al usar un menú automático en el teléfono porque olvida las opciones, no poder resolver los problemas técnicos que le plantean sus subordinados y quedarse perplejo frente a la fotocopiadora porque no atina a imprimir una copia doble. Fuera de la oficina, y avanzando el tiempo, no podía ya procesar la cantidad de información que le ofrecía cualquier menú de restaurante y necesitaba que su esposa le ofreciera las opciones de dos en dos, en un lentísimo -¿qué prefieres, carne o pescado? ¿chuleta o filete?-. Más adelante, comenzó a no entender a quienes le hablaban en frases muy largas.
¿Y en el cerebro qué pasa?
Las sospechosas principales son dos proteínas llamadas amiloide B y Tau, normalmente presentes en el tejido nervioso. Aún no sabemos por qué, tristemente, pierden esas formas aparentemente caóticas que las asemejan a las pinturas de luz de Pollock of Light , para tomar una disposición muy ordenada y regular, como de desfile nazi, que no sirve para nada. Estas proteínas inútiles inducen a sus colegas a unirse a ellas para formar placas insolubles cada vez más grandes, que terminan por matar a la célula y afectan por contagio a las neuronas contiguas. Son las “proteinaceous infectious particles”, o priones. El descubrimiento de este mecanismo en aquellas encefalopatías llamadas de las vacas locas (en donde se ven afectadas proteínas diferentes) le valió a Stanley Prusiner el Nobel de Medicina en 1997.

El proceso comienza muchos años antes de aparecer los primeros síntomas. Nos urge encontrar la manera de detenerlo. En muchos de nosotros ya está en marcha.

11 pensamientos en “Alzheimer y priones

  1. Maravillosa exposición de la gravedad de la enfermedad, sólo con leer provoca una sensación de desesperación que esta produce….y pensar que estamos lejos en encontrar la manera de detener el deterioro que se produce una vez iniciada la enfermedad….

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  2. Me viene a la mente “Barney’s version” de Mordecai Richler. Lo regalé a un amigo neurólogo que hace precisamente investigación en alzheimer y me dijo “es así”. El libro me conmovió y, como a Maia, me aterrorizó. ¿Qué otra cosa nos define si no nuestra memoria?

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  3. Nunca he sido persona de gran memoria ni -realmente- aficionada a ejercicios para “mantener” la mente ágil. Ahora con 57 años no perdono un día sin hacer un par de sudokus… no sé para qué servirá, pero es tanto el miedo que me provoca quedarme “vacía” y el dolor de la gente que me quiere que no quiero ni pensarlo.

    Un abrazo

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  4. Me ha gustado mucho lo de “hasta los setenta y más allá”; Jupiter and beyond, 2001 :-) Y más aún lo de la disposición “como de desfile nazi” y la enjundia que tiene el hecho: lo que funciona es el aparente caos y el orden lleva a la demencia

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  5. Pingback: ¿Para qué dormimos? | diasdeandar

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