Alice Munro

Conocí a Alice Munro hace un par de años, gracias a Antonio Muñoz Molina que la recomendó cálidamente en su blog. Sus relatos son a la vez muy densos y muy sencillos. Digo muy densos, porque al cabo de unas cuantas páginas tiene uno la sensación de ir por la mitad de una buena novela. Sencillos, porque narran lo que podría ocurrirnos a mí o a cualquiera de mis vecinas día tras día, año tras año. No hay, como en aquel Bleeding Edge de Thomas Pynchon que leía la semana pasada, oscuras conspiraciones internacionales, agentes encubiertos, laberintos informáticos, millonarios malvados, mucha paranoia y mucho ingenio chisporroteante. No. Aquí se trata de amores que nacen sin que apenas te des cuenta, de enfermedades que piden un lugar en tu vida porque quieren quedarse muchos años, del desgaste lento de una amistad o un matrimonio, de la pesada carga de las oportunidades perdidas, de una muerte en la familia. Océanos de tiempo que caben dentro de un cuento, porque Munro tiene el don de hacerte ver hacia las profundidades del pasado en apenas un par de líneas. O de permitirte intuir el futuro, con la misma emoción que si del tuyo propio se tratara. Es como las brujas de Macbeth. If you can look into the seeds of time, and say which grain will grow and which will not, speak then to me, le diríamos.

Hace poco anunció que dejaría la pluma. Su última colección de relatos se llama Dear Life, “Querida vida”, aquí reseñada por Muñoz Molina. Por los últimos cuentos, “the first and last -and the closest- things I have to say about my own life”, nos enteramos de que cuando niña tenía una memoria excelente, disfrutaba estudiando latín y leía novelas enormes en la cocina. En el pueblo la veían como un bicho raro que seguía estudiando como si terminar el bachillerato sirviera de algo, mientras tantos otros dejaban la escuela para trabajar, casarse o tener bebés.
¿Cuándo comenzó a escribir? No habla de ello en esos relatos. Pero en otro cuento hay un personaje que se le parece. Edith, de Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage (cuento contenido en esta colección) “Muy lista para su edad”, sarcástica y curiosa, tiene trece años y se aburre ayudando a su padre zapatero en el taller. Por divertirse, le inventa un romance inverosímil a una solterona del pueblo. Escribe las cartas del supuesto enamorado, se las hace llegar – y, sin pretenderlo, cambia las vidas de todos, para bien, pero no lo sabe aún. Vive en el temor de verse expuesta como la autora de una burla muy cruel desde que aquella mujer dejó el pueblo para ir en busca de su amor. Dos años después, cuando conoce el desenlace de la trama que ella misma tejió, la vemos azorada ante su poder de fabulista. Por obra suya, joven aprendiz de bruja que apenas conoce sus fuerzas, el mundo ha dado un vuelco.

Como si prefiriera, por lo pronto, no servirse de esa mirada mágica que reconoce las semillas del tiempo, Edith sigue sentada a la mesa de la cocina, trabajando en su tarea de latín. Le han asignado la Oda XI de Horacio.
Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
finem di dederint

No preguntes (no debes saberlo) por el fin que a mí o a tí nos deparan los dioses – escribe obedientemente en su cuaderno.

Para leer sin temor en las semillas del tiempo, hay que traer muchos años a cuestas. Como Alice Munro.

12 pensamientos en “Alice Munro

  1. Hace unos pocos meses empecé “Amistad de juventud”. El primer relato me entusiasmó, el segundo me gustó bastante, el tercero, bien pero no tanto, el cuarto menos, y al quinto lo dejé. No me preguntes por qué, pero me empezó a aburrir.

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    • Yo tengo épocas de leerla mucho y épocas en que no me llama. Sus relatos son como las nubes, siempre iguales y nunca idénticos. A mí me inducen a la contemplación, como si me tumbara a ver pasar las nubes buscando figuras. Momentos hay para ello.

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  2. Yo también la “conocí” a través de Muñoz Molina y empecé por “Mi vida querida”. De no haber sido así, después de leer esta reseña, correría a buscar sus libros.

    Un abrazo

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  3. Hola Elena, te felicito por tu Blog lleno de ideas y de conocimientos interesantes. Yo tengo pendiente leer a Munro, ya te contaré. Un beso

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  4. Así contada, dan ganas de re-leerla. Allá por el 91, no nos pongamos estupendos que comienzo a olvidarme cosas, leí algunos cuentos suyos que recuerdo haber definido como “molones” sin más. ¿Qué fuese demasiado joven? La pondré en mi lista, visto que también la recomienda el maravilloso AMM. ¡Ah! Y perdone por la intrusión, que esta es la segunda entrada en la que comento así, por las buenas.

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