Neurogénesis, estrés y depresión

El cerebro humano no se regenera. Las neuronas con las que naces habrán de servirte hasta la muerte. Porque para conservar los recuerdos y las habilidades aprendidas necesitamos de una población neuronal estable.

Estas tres afirmaciones se consideraron verdaderas e inatacables durante buena parte del siglo XX. Todavía a principios de los 80 las recibí, como dogma, de mis maestros en la facultad de medicina. Seguían en pie porque no teníamos aún herramientas técnicas que nos permitieran desbancarlas.

Ya se había probado que en los cerebros de roedores adultos sí aparecen nuevas neuronas, pero la demostración de que en el cerebro humano adulto también hay neurogénesis no llegó sino hasta 1998, gracias al desarrollo de técnicas de inmunofluorescencia. Y, como para demoler definitivamente el viejo dogma, estas nuevas neuronas aparecieron en el hipocampo, que es el órgano de la memoria.

A partir de entonces, las publicaciones sobre el tema se multiplicaron. Se encontró que en el cerebro de los mamíferos hay ciertas zonas en las cuales se generan a lo largo de la vida neuronas maduras, a partir de células precursoras: el giro dentado del hipocampo y la zona subventricular de los ventrículos laterales (a la fecha, sabemos de éstas).

Me ha interesado particularmente la relación que guarda la neurogénesis con el estrés, la depresión y el efecto de los fármacos antidepresivos. Es un asunto complicado. Un poquito de tensión y ansiedad, como la que produce el tener que hacerse cargo de una situación nueva, favorece la neurogénesis. ¿Te has cambiado de barrio? Además de barrio, estrenarás neuronas. Se integrarán a las redes del giro dentado, que es la zona del hipocampo a través de la cual llega a éste la información que ha de ser clasificada y almacenada, y te harán posible aprender las nuevas rutas. En cambio, un monto de tensión muy grande interrumpe la neurogénesis. Quien ve llegar la guerra a su barrio o pierde casa y familia por un desastre natural no sólo deja de producir nuevas neuronas, sino que corre un riesgo enorme de verse arrastrado por la cascada hormonal del estrés hasta llegar a la depresión más profunda.

Me explico: cuando está sometido a una situación de este tipo, el organismo entra en una especie de economía de guerra y pone en marcha una serie de adaptaciones utilísimas a corto y mediano plazo, pero destructivas, depresivas, si se mantienen por más tiempo. Bajo el influjo de los glucocorticoides, en el hipocampo no sólo se interrumpe la neurogénesis, sino que también se adelgazan y empobrecen las redes sinápticas ya establecidas. Sufren la atención y la memoria asociativa, la capacidad de goce se desvanece ¡y qué trabajo cuesta recuperar en toda su viveza un recuerdo agradable! -. A la vez que el hipocampo se marchita, la amígdala (que es la zona cerebral que nos permite reaccionar sin pensar ante una amenaza) crece y está más activa que nunca, dispuesta a librar batallas.  No hay tiempo de saborear tazas de té ni magdalenas (ocupación propia de hipocampos florecientes), porque la casa se quema.

¿Y los antidepresivos?  Sabemos ahora que, entre muchos otros efectos, tienen el de inducir la neurogénesis. Cómo, cuándo, dónde, en qué condiciones – no tenemos aún los detalles.

Continuará…

Un revisión excelente de este tema, ¡de acceso libre!

9 pensamientos en “Neurogénesis, estrés y depresión

  1. Interesantísimo.
    ¿Y dónde estará la línea que separa el cambio de barrio como experiencia generadora de neuronas y el cambio de barrio como experiencia generadora de ansiedad? O, dicho de otra forma, ¿cómo un mismo acontecimiento, el cambio de barrio, puede afectar de maneras tan distintas, una vivificadora y otra destructora?

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    • ¡Hola, Angela!
      La línea es diferente para cada quien. Si te sientes en peligro de muerte y la situación dura varios días, la experiencia es destructiva para tu salud (aunque después puedes aprovecharla existencialmente, pero esa es otra historia). Si confías en salir adelante, hay aprendizaje y neurogénesis. Hay además una serie de factores protectores, por ejemplo la oxitocina – un vínculo de amor o amistad te hace posible tolerar grados de tensión mayores sin desorganizarte.

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  2. Creo que no es el primer mecanismo biológico en el que se da este curioso mecansimo por el que, al aumentar la intensidad de un agente se invierte el sentido de se efecto, pasa con algún fármaco también. En terminos más generales, la alimentación y el ejercicio hacen lo mismo :-)

    La conclusión será muy manida y poco estimulante, pero volvemos a la virtud de los términos medios.

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  3. Pingback: Más estrés: Neurosinfonía | diasdeandar

  4. En una revision hecha en siglo XIX, el conocimiento del sistema nervioso dividido en autónomo y voluntario, en base a las funciones, y el aútónomo a su vez en simpático y para simpático, describia el plexo solar como una parte muy importante del sistema aútonomo simpático. En las últimas dos décadas se ha iluminado mucho el problema de las reacciones humanas.

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    • El sistema nervioso autónomo se encarga de que el cuerpo entero vibre con las emociones. Para saber más sobre la base biológica de éstas, recomiendo los libros de Antonio Damasio, “The Feeling of What Happens” en español “La sensación de lo que ocurre”, y “Self Comes to Mind”, en español “El cerebro creó al hombre”.

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  5. Maravilloso artículo. Coíncide en buena medida con lo que les planteamos a muchas parejas en terapia de pareja cuando les decimos que el cambio de hábitos necesarios para mantener la relación funcionando, depende de su capacidad e incorporar nuevos repertorios conductuales que amplien la gama de respuestas ante situaciones conocidas en las que repiten las mismas estrategías. WoW¡
    Ojalá puedan visitarnos en nuestra página: http://www.terapiadepareja-df.com.mx/

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