El alma cautiva

El artículo acerca del cual escribí en mi entrada anterior, Poverty Impedes Cognitive Function, ha sido muy comentado en la red. A mí me dio que pensar. ¿Será la pobreza misma lo que me hace funcionar con trece puntos menos de IQ, como afirman estos investigadores? ¿O el estar el alma cautiva de mil cuidados?

Imaginemos que estos señores hubiesen reclutado a sus sujetos en un juzgado de divorcios, para resolver una prueba de matrices de Raven antes y después de emitido el fallo. O en un hospital oncológico, entre mujeres que esperan conocer el resultado de una biopsia de tejido mamario. O, o… Puedo seguir mencionando situaciones, que tendrían en común una amenaza a la integridad física, a la identidad o a los lazos de amor más fuertes, además de la sobrecarga cognitiva postulada por Mani y sus colaboradores.

Pérez Galdós y Edith Wharton, estudiosos también de la naturaleza humana, hicieron observaciones semejantes en sus novelas La desheredada (Galdós) y House of Mirth (La casa de la alegría, Wharton). Las protagonistas son mujeres en sus veintes, muy hermosas, naturalmente elegantes y refinadas, que aman el lujo y saben llevarlo pero no pueden costeárselo.

En Madrid, Isidora Rufete vive con la familia de su tío, un hombre que fue empleado contable. Aspira a ser reconocida por la que cree su abuela, una marquesa con quien en realidad no tiene ningún parentesco. Sus primas trabajan todo el día haciendo camisas; mientras tanto, Isidora desespera porque la casa le parece estrecha y fea. Había acordado con sus tìos pagar pensión, pero al mes se ha gastado cuanto tenía en ponerse elegante y adornar su cuarto. Es que no soporta verse pobre. Con el alma toda llena de esperanzas falsas, raramente toma alguna decisión que la ayude a prosperar deveras. No atiende consejos, escoge a los peores pretendientes, se empeña en ayudar a quienes la explotan… Galdós logra que la sigamos queriendo más allá de su último descalabro, como si fuera una Don Quijote del lujo y el buen parecer.

En Nueva York Lily Barth, huérfana de padres adinerados venidos a menos, cuenta con recuperar su posición económica de antaño casándose con un hombre rico. Sus padres le dejaron casi nada, pero gracias al respaldo social de su familia extensa sigue frecuentando la buena sociedad. Una amiga le regala sus vestidos usados. Una tía viuda la recibe en casa como su acompañante, y con su ayuda puede aún pagar algunos de los cientos de pequeños lujos sin los cuales no imagina su vida.  Parece como si las contrariedades propias de alternar en pie de igualdad con gente rica, cuando tiene tan poco, no le hiciesen mucha mella – es que se sabe la más hermosa de las solteras de su círculo. Además, logra hacerse querer. Pero, ¡cómo se cansa! De calcular cuánto tendrá que recortar sus gastos, porque se vió obligada a jugar bridge apostando y perdió. De levantarse temprano al día siguiente para ir a la iglesia con un joven pacato pero millonario, de quien espera recibir una propuesta de matrimonio… Se distrae, no llega. Como dice una amiga suya, cerca del final de la novela: Pobre Lily. Trabaja como una esclava, de sol a sol, y el día de cosechar se queda dormida.

¿Cabe mejor ejemplo de lo que Vohs llama The Poor’s Poor Mental Power?

4 pensamientos en “El alma cautiva

  1. Me hizo acordar al libro Nana, de Émile Zola. Un libro que adoré sobre las vicisitudes de una mujer que quiso ser famosa “a cualquier precio”. Un abrazo.

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