Novelas Ejemplares

Un soldado viejo imagina historias.
Hay un recién nacido separado de su madre al que urge alimentar, y el imaginante no deja pasar ni dos horas en el tiempo de la historia antes de “paladearlo con miel” y procurar que se reúna con la madre, loca de angustia por encontrarlo.(La señora Cornellia)
Hay un niño de siete años que va solo por la calle y es atropellado por un caballo al galope; un señor lo toma en brazos, lo acoge en su casa y llama al médico, porque este niño le recuerda a su propio hijo ausente. (La fuerza de la sangre)
Hay un anciano rico y solitario que se ha casado con una chica de quince años. Cuando la encuentra en brazos de un joven hermoso, enferma de muerte por la pena y dicta un testamento en el cual la deja rica y libre de escoger marido.(El celoso extremeño)

Así son las historias de Miguel de Cervantes. Le importa más mitigar el dolor de los que sufren que castigar culpables, así que en las Ejemplares no se lucha contra el mal a punta de espada, sino reparando con paciencia y constancia los daños que traen consigo esas catástrofes naturales que a todos nos alcanzan algún día y que se llaman soberbia, ira, envidia, avaricia, lujuria, pereza y gula. No hay malvados absolutos. A los 66 años, Cervantes ya sabe lo que a don Quijote le llevará muchos capítulos aprender: que el bien tiene sombras y el mal trae a veces bendiciones.
Los protagonistas jóvenes de las Ejemplares no lo saben tampoco; a sus años, lo que toca es vivir el esplendor del amor adolescente, inmortal y todopoderoso, o lanzarse a correr el mundo sin temor. Preciosa la gitanilla tiene quince años, Rinconete y Cortadillo también, la señora Cornelia dieciocho, Isabela y Recaredo (en La española inglesa) tienen catorce y veinte, la Ilustre Fregona tiene quince y Avendaño su enamorado uno o dos más. Teodosia y Leocadia (Las dos doncellas) son también muy jóvenes. Cervantes se pone en los zapatos de sus personajes y nos regala relatos en los que el amor supera celos, distancia y barreras sociales y alcanza realización feliz: la unión de la joven pareja, consentida por los padres. No hay sospecha de asperezas futuras, ni miedo de que el amor se desgaste. Así se imagina uno la vida en esos años. Las Novelas en las que no suceden así las cosas nos cuentan qué pasó después de la boda y tratan de gente de más edad, como el septuagenario Carrizales (El celoso extremeño), o Campuzano, el soldado enamorado “que tenía entonces el juicio no en la cabeza, sino en los carcañares” y casa con una mujer de treinta que lo deja pobre y sifilítico (El casamiento engañoso).

Al andar de la vida y al fragor de la experiencia se nos despostillan los ideales. ¿Qué nos queda, pues? ¿Desilusión y cinismo?
Cuando Cervantes publica la segunda parte de Don Quijote tiene 68 años. Y puede, con la sabiduría que le dejaron cien descalabros, conservar serenamente la fe en el bien y la belleza sin par aún sabiendo que Dulcinea no existe.
Hagamos por seguirlo.

8 pensamientos en “Novelas Ejemplares

  1. Me encantó. Vengo hace días pensando en estos temas…
    ¿Será que nos queda el amor sin más? El amor real, no el ideal, el del día a día, el abrazo de aquellos que nos quieren bien.

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    • Maia, creo que así es y me parece que por ahí va Cervantes. Nos quedan gestos como alimentar al pequeñito hambriento, levantar al caído, refrenar la cólera hacia quien es más débil. No siempre estaremos dispuestos a hacerlo, porque la empatía se nubla ante situaciones tan cotidianas como la falta de sueño o la sobrecarga de trabajo. Pero renace.

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  2. En Sevilla, ciudad en la que vivo, transcurren muchos episodios de las novelas ejemplares.
    En nuestras calles se encuentran unos azulejos en los que se recuerda que “esta casa” o “este lugar” lo nombra Cervantes en tal o cual novela ejemplar. Pero nunca había visto una descripción tan breve concisa y bonita como la que usted hace.
    También he estado repasando otras entradas del blog y me ha encantado.
    Seguiré visitándole.
    Saludos.

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