El espermatogonio egoísta

Ya a mediados del siglo pasado se había observado que muchos esquizofrénicos son hijos de padres tardíos. Este hecho se atribuyó a que los padres compartían la dificultad de sus hijos psicóticos para sostener una relación íntima, lo cual los había llevado a procrear a una edad más avanzada. Es decir, entre la prolongada soltería del padre y la esquizofrenia del hijo no habría una relación causal, sino que surgirían ambas de los mismos “factores constitucionales” misteriosos.

No quedaron así las cosas por mucho tiempo. Los epidemiólogos que investigaban padecimientos congénitos se interesaron en el efecto de la edad paterna (paternal age effect) sobre la salud del hijo, y demostraron que existe una relación estadística muy clara entre la edad del padre al momento de concebir un niño y la presencia en éste de enfermedades como la acondroplasia, esa falla en el desarrollo de los huesos largos que resulta en baja estatura con columna dorsal y cráneo de tamaños normales. O las terribles RASopatías, con su cortejo de anomalías faciales, cardiacas y neurales. Lo mismo sucede con la esquizofrenia y los trastornos del espectro autista: el riesgo de padecerlos es mayor para los hijos de padres mayores de 50 años, aún cuando en la familia no haya casos previos. Los avances recientes en genómica nos han permitido entender qué hay detrás de hallazgos como éstos. Este mes se publicó en el American Journal of Psychiatry un artículo de Anne Goriely y sus colaboradores que nos describe lo que sucede con las células germinales masculinas al correr de los años.

En el hombre, la producción continua de espermatozoides a partir de la pubertad y a lo largo de la vida es posible gracias a la división, repetida cada 16 días, de los espermatogonios que les dan origen. Como con cada división se copia de nuevo el genoma íntegro, los pequeños errores de transcripción van acumulándose y las mutaciones en el ADN de los nuevos espermatogonios son más numerosas mientras más años pasan. Se ha calculado que el número de mutaciones que transmite el hombre que envejece se duplica cada 16.5 años.

De acuerdo a la hipótesis de Goriely y su equipo, los espermatogonios mutantes han modificado el ritmo de su crecimiento gracias a los cambios genéticos que han sufrido y se expanden a expensas de los otros (de ahí el calificativo de “egoístas”), amplificando así el efecto mutagénico del envejecimiento. Esta sería la explicación del paternal age effect y de por qué la acondroplasia y la esquizofrenia aparecen también en familias sin ningún caso previo.
Ayer se celebró en México el Día del Padre. Ojalá que los hombres que quieran ser papás no dejen pasar muchos años.

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