Epigenética para psicoanalistas

El término “epigenética” se refiere los mecanismos por los cuales el ambiente modula la expresión del código genético. Por los cuales, diríamos, la crianza deviene naturaleza. Ambiente es un término muy amplio. Comprende lo mismo temperatura, grado de humedad, acidez del medio y presencia de hormonas si hablamos de células, que alimentación y calidad del cuidado materno si hablamos de un niño. Tanto al nivel de la célula como al nivel del individuo, los cambios ambientales se traducen en una serie de señales que apenas estamos aprendiendo a nombrar, en respuesta a las cuales se bloquea la transcripción de ciertos tramos del ADN y se facilita la de otros.

La liga de grupos metilo a determinados sitios del ADN, los llamados promotores, es una de las maneras de regular la expresión del material genético. Gracias a la metilación del ADN durante el desarrollo embrionario puede cada célula dedicarse para siempre a ser neurona, o hepatocito, o cardiomiocito, y mantener inactivados de por vida los genes que no necesita para llevar a cabo su misión específica. Los cambios en la metilación del ADN pueden darse en mamíferos también después del nacimiento, en respuesta al tipo de crianza Incluso se habla de la firma molecular que dejan las madres en los cerebros de su prole. Cuando las ratas recién nacidas no reciben de su madre los cuidados necesarios, la prontitud y escala de su respuesta al stress queda fija a niveles más altos por mecanismos epigenéticos, como si aprendieran que este es un mundo de soledad y peligros y estuvieran siempre en alerta naranja, preparados para la catástrofe. En cambio, en los cachorros de madres cuidadosas sucede lo contrario: la epigenética que un ambiente amable propicia les asegura una respuesta neuroendócrina atenuada al stress, como si esperaran que las cosas feas de la vida no durasen mucho.

En el ser humano, mamífero al fin, ocurre algo semejante. Los niños que han sufrido maltrato o abandono llevan la firma molecular de la predisposición a la ansiedad y la depresión, y los que han crecido sin sobresaltos toleran mejor la adversidad. Los psicoanalistas lo sabíamos desde hace mucho, pero no podíamos explicar por qué y en el intento de salvar ese abismo entre la biología y la subjetividad acudíamos a descripciones barrocas del acontecer psíquico, que en el mejor de los casos ayudaban a entender la experiencia del paciente (el Verstehen de Jaspers) pero de ninguna manera explicaban (Erklären) nada.

En el último par de años han proliferado los estudios de la epigenética de los trastornos mentales. Epigenética y suicidio, epigenética del trastorno borderline, del trastorno bipolar, de la esquizofrenia, de la depresión, efectos epigenéticos de la privación de sueño. Todavía necesitamos averiguar si es posible revertir un patrón desfavorable de metilación del ADN y si eso ayudaría a los hijos de la mala vida a liberarse de su predisposición al sufrimiento. Para llegar allá nos falta un largo trecho.

3 pensamientos en “Epigenética para psicoanalistas

  1. Me resulta muy llamativo que dos niños criados en un mismo ambiente, que sufren de igual maltrato, puedan hacer “uso” de su experiencia en caminos tan diferentes hasta el punto tal de que en un caso uno de ellos pueda acabar suicidándose y el otro convertirse en un hombre de negocios de gran éxito; por dar un ejemplo cualquiera. La cantidad de combinaciones posibles entre la epigenética (término que acabo de aprender contigo) y la genética que porta el individuo consigo al nacer se convierten en un universo inabordable para la imaginación humana; al menos hasta ahora creo.

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      • Elena, Yo no sé si tú eres bióloga, médica o sicóloga o si la simple curiosidad te ha llevado a ser un poco de todo y saber tanto de mucho. Pero querría contarte que hace un tiempo atrás tuve la suerte de conocer a través de la red a una psicoalanista mexicana llamada Carmen Tinajero, que me hizo llegar un hermoso ensayo titulado Diario de la locura. Un ensayo que escribió a lo largo de diez años basado en su trabajo en un centro para enfermos mentales. Y te diré que no hay nada que tenga más imaginación que la vida misma.
        Te recomiendo su libro. Es duro, pero es maravilloso. Quizá lo importante no sea entender lo inexplicable sino comprender a los que sufren de lo inentendible, ¿no? Un abrazo.

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