Akutagawa

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Encontré a Akutagawa Ryunosuke gracias a una novela de Murakami, 1Q84 Allí se describe la intriga de un editor para que le sea concedido el codiciadísimo Premio Akutagawa a una adolescente que le ha entregado su primer manuscrito. ¿Qué premio es ese?

El que nos ocupa (porque hay dos premios que llevan ese nombre) se concede en Japón a los autores nuevos o en crecimiento. Lo estableció Kikuchi Kan, editor, en memoria de su amigo Akutagawa, muerto por suicidio en 1927 a los 35 años de edad. El otro es el premio a la composición musical llamado así en honor a Yasushi Akutagawa, compositor hijo del escritor.

Akutagawa había comenzado a publicar regularmente en 1915, y en 12 años escribió alrededor de 150 relatos con los cuales se hizo un lugar entre los escritores más importantes del Japón del siglo XX. A quienes no podemos leerlo sino en traducciones se nos pierde buena parte del sabor de su estilo y también algo que destaca Murakami en su presentación de la colección de cuentos traducida por Jay Rubin: la gran belleza visual de las combinaciones de kanji empleadas por Akutagawa para escribir sus historias.

La cuestión de hasta qué punto lo que llamamos “realidad” es producto de un acuerdo social está muy presente en sus relatos, por ejemplo en cuentos como En el bosque, en el cual cada uno de los participantes en un asalto, violación y asesinato tiene su propia versión de los hechos (sí, es la historia que filmó Kurosawa, fusionada con otra, Rashomon, también de Akutagawa), o Dragón, que trata sobre cómo un pueblo entero da por cierta la predicción de un bromista respecto a la ascención al cielo de un dragón desde un estanque cercano.

Akutagawa vivió en el temor de heredar la locura de su madre, que hubo de ser internada en un hospital psiquiátrico cuando él tenía apenas meses de nacido. En los relatos de autoficción que escribió en sus últimos dos años de vida, la madre del narrador aparece como una mujer gris que no hablaba con nadie y permanecía por horas sin moverse, mirando hacia ninguna parte. Al narrador de Engranajes, relato póstumo, lo asaltan la migraña con sus visiones geométricas y también premoniciones angustiantes, alucinaciones, bloqueos del pensamiento, mensajes inescrutables del destino, el miedo de algo espantoso e impreciso. Mientras tanto, sigue haciendo su vida. Hasta las últimas líneas:

No tengo fuerzas para seguir escribiendo esto. Seguir viviendo con este sentimiento es indescriptiblemente doloroso. ¿No habrá alguien que se apiade y me ahogue mientras duermo?

Un mes después de concluir este relato escribió una carta de despedida, extrañamente llena de serenidad y gratitud, y tomó una sobredosis de veronal. Leer a Akutagawa me ha dejado un enorme respeto ante el sufrimiento del suicida.

5 pensamientos en “Akutagawa

  1. Te recomiendo “Rashomon and Seventeen Other Stories”, selección, traducción y notas de Jay Rubin e introducción de Haruki Murakami. Lo hay para Kindle. Creo que podrá gustarte mucho el cuento titulado “Hell Screen”. Hay traducciones al español en la red, de acceso libre, pero como ni siquiera dan crédito al traductor no me fío.

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