Corazón

Hoy, que es Viernes Santo, escribe en su blog Antonio Muñoz Molina sobre La Pasión según San Mateo (J.S. Bach). Dice algo que me sobrecoge:

Hay honduras de la experiencia humana a las que el arte llega muy pocas veces, no porque sean excepcionales, sino porque en realidad son perfectamente ordinarias, porque suceden o pueden suceder en grados diversos en la vida de cualquiera.”

En lo más ordinario están la maravilla y el misterio. Maravilla de enamorarse, misterio de lastimar y traicionar a quien más quieres. Ich will dir mein Herze schenken – Quiero regalarte mi corazón, quiero sumergirme en tí, tú sólo serás para mí más que mundo y cielo. Así canta, en La Pasión según San Mateo, la soprano que acompaña a Jesús cuando, concluída la Cena, se dirige con sus discípulos a Getsemaní, hacia la soledad, hacia la traición de Judas, hacia las 3 negaciones de Pedro. Hacia el lugar donde, tras tantas protestas de amor, los discípulos lo abandonan. “Un drama que donde sucede de verdad es en el corazón de cada uno”, nos dice Muñoz Molina.

Este corazón humano, esta víscera que comienza a latir en la cuarta semana de vida intrauterina y se detiene con la muerte, ¿cómo es que viene a convertirse en el símbolo del sentir apasionado, de la vivencia afectiva profunda, del centro mismo de la vida?

Usamos como equivalentes las expresiones con toda el alma y con todo el corazón. Y estamos en lo cierto. Las emociones están ancladas en el cuerpo: en los escalofríos, en el me puse chinita que decimos en México para referirnos a la carne de gallina, en el rubor de la vergüenza, en el amago de llanto de la tristeza o el no me cabe el corazón de la gran alegría. Gracias a todas estas marcas somáticas sabemos qué se siente estar triste, o asustado, o impaciente.  Son las vísceras y la piel las que gritan cuando algo  nos duele en el alma.

Cuerpo, alma, corazón. Inseparables. En lo más ordinario, la maravilla y el misterio.

 

 

Un pensamiento en “Corazón

  1. Qué razón tiene Muñoz Molina (gracias por poner el enlace) y qué bonita tu entrada. “Cuerpo, alma, corazón. Inseparables. En lo más ordinario, la maravilla y el misterio”.

    Muchas gracias y un saludo desde los Pirineos

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