Memory Wars

A fines de los años 80 hubo en los Estados Unidos una verdadera epidemia de falsos recuerdos de abuso sexual infantil. Las víctimas, que habían crecido sin ninguna noción de haber sufrido abusos, típicamente habían “recuperado” los recuerdos de traumas espantosos durante una psicoterapia que incluía interrogatorios sugerentes bajo hipnosis y a a veces con amital (amobarbital, el llamado truth serum).

Las supuestas víctimas confrontaban a sus padres y presentaban querella ante los tribunales. Los padres se defendían como podían de acusaciones sumamente abigarradas, casi un Churriguera del horror. Un grupo de ellos formó la False Memory Syndrome Foundation , organización sin fines de lucro, aún activa, dedicada a la defensa de las familias injustamente acusadas y al estudio del fenómeno del recuerdo falso.

El caso más trágico fue el de Paul Ingram. Ingram pertenecía a la Church of the Living Water, era deputy sheriff del condado y presidía el Partido Republicano local. En 1988, cuando Erika Ingram asistía a un retiro religioso, una mujer a la que se tenía por profetisa le reveló a la joven que, años atrás, su padre había abusado de ella. Tanto Erika como Julie, la hija menor, comenzaron a imaginar, primero, tocamientos por su padre, y a partir de ahí que él y sus amigos las habían violado. Poco después recordaron que todos ellos rendían culto al demonio, le sacrificaban bebés, y violaban jovencitas durante las ceremonias satánicas. Cada  nueva versión era más espeluznante e increíble: enfermedades de transmisión sexual, fetos devorados, decenas de bebés asesinados…

Ingram, muy desconcertado porque, decía, “no recuerdo nada de eso, pero he enseñado a mis hijas a no mentir”, pidió consejo a su pastor. El pastor le aconsejó que rezara y meditara sobre el asunto y así reconocería la verdad, porque Dios no permitiría que entraran en su pensamiento falsedades. Ingram terminó por firmar una confesión porque, decía, “tal vez reprimí los recuerdos”. En cuanto dejaron de abrumarlo comenzó a dudar e intentó retractarse, pero las leyes de su estado no permitían a quien se había declarado culpable echarse atrás.

Lo condenaron a 20 años de prisión, a pesar de que las hijas no mostraban huellas físicas de abuso ni de haber estado embarazadas. No había denuncias de bebés robados y nunca se encontraron cadáveres. El caso aún se discute en la red.

Las recovered memories pasaron de moda durante la década siguiente, gracias al trabajo de académicos como Elizabeth Loftus que dejaron claro que, sin corroboración externa, no es posible saber si un recuerdo es la huella de un suceso real o si proviene de la fantasía y la sugestión. Por otra parte, los pacientes comenzaron a demandar a sus terapeutas por malpractice, alegando que no se les advertía que los recuerdos recuperados mediante hipnosis podían ser falsos. Algunos de ellos recibieron compensaciones millonarias.

Cien años antes, Freud, que había estado usando la hipnosis con sus pacientes en busca de un origen traumático de la histeria, recorrió un camino semejante. Ya no creo en mi neurótica, escribía en 1897. No se puede distinguir la verdad de la ficción investida con afecto.

5 pensamientos en “Memory Wars

  1. Pingback: Pesadillas: parasomnias | diasdeandar

    • Me asustaste, hasta que vi que la nota en el ABC es de hace 11 años – ¡espero que se hayan enterado de que así no vale! – De cualquier manera, hay que difundir lo que sabemos, teniendo en cuenta que la ciencia rectifica sin cesar. ¡Gracias por seguir mi blog!

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