El mediador bioquímico del vínculo amoroso

Para Bertha y Concha, mis amigas canófilas.

Hace treinta años me enseñaron en la Facultad de Medicina que la oxitocina servía para inducir el parto y para facilitar el flujo de la leche a través del pezón. Y ya. Cuando comencé la residencia en psiquiatría, en mi hospital pensábamos aún que la oxitocina era asunto de los gineco-obstetras.
Pero a partir de los 1990s se han multiplicado las publicaciones acerca del influjo de la oxitocina en el comportamiento. La oxitocina pertenece al grupo de los nonapéptidos, hormonas que han estado a cargo de regular las conductas sociales y reproductivas de moluscos, peces, reptiles, aves y mamíferos desde hace 700 millones de años. Se habla ya de que esta hormona es, en los mamíferos, el mediador químico del apego.
En el ser humano la oxitocina aminora los efectos del stress, incrementa la actitud de confianza hacia los otros y las conductas de reciprocidad, agudiza la percepción de las emociones, y fortalece la liga afectiva con la pareja y con el hijo. Es por eso que, según nos informa la revista Science,“psychiatrists have caught oxytocin fever” (Miller, G., 2013) y han emprendido docenas de estudios sobre sus efectos en la evolución del autismo, de la esquizofrenia y del trastorno borderline.
Yo misma he pasado el fin de semana enfebrecida, leyendo sin parar artículo tras artículo en Medline y en Science, para encontrarme, por ejemplo, con que el ser humano libera oxitocina no solamente en respuesta al contacto piel a piel, sino también en respuesta al sonido de la voz amada (Seltzer L.J. 2010). Cada día un nuevo puente entre lo que hacemos los psicoterapeutas y la neurociencia…
En mi ramillete de asombros, uno de los mayores ha sido el de ver cómo la magia amorosa de esta hormona franquea la barrera entre especies. La liga afectuosa entre un animal y su dueño está también mediada por la oxitocina, y de ahí que se hagan bien el uno al otro más allá de las ventajas del ejercicio, la protección mutua, la colaboración en el trabajo, etc. Las mascotas queridas lo ponen a uno de buenas, con su sola presencia. Hace años, un joven colega me contó la historia de una mujer mayor que tenía un perro llamado “Paxil”, porque, decía ella, no sabía si se había recuperado de la depresión gracias a que se lo regalaron pequeñito, o gracias al medicamento que comenzó a tomar en la misma época. Paroxetina y oxitocina – excelente combinación.

Miller, G. The Promise and Perils of Oxytocin. Science18 January 2013 339(6117):267
Seltzer L.J., Ziegler T.E., Pollak S.D. (2010) Social Vocalizations can Release Oxytocin in Humans.Proc R Soc B 7 Sept 2010 vol 277 no. 1694. (Acceso libre)
Beetz,A., Uvnas-Moberg, K. et al Psychosocial and Psychophysiological Effects of Human-Animal Interactions: The Possible Role of Oxytocin.Front. Psychol.2012; 3:234 (Acceso libre)

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