De Senectute

En los últimos meses he tenido el privilegio de coordinar un seminario sobre la etapa tardía de la vida, para los psicoanalistas en formación de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Y la suerte de que mi amiga Concha Abellán, que es doctora en letras clásicas, lea conmigo en latín el De Senectute de Cicerón.
Cicerón dictó este tratado a los 62 años de edad. Había llegado a ser un senex, un anciano, tras mchos años de participar intensamente en la vida pública de Roma. En De Senectute Cicerón finge un diálogo que tiene lugar en el año 150 AC, en Roma, entre dos personajes que se acercan a los 40 años y Catón, que tiene ya 83. Hablan los tres sobre los pros y los contras de hacerse viejo.
Según me explica la doctora Abellán, la expectativa de vida era mucho mayor en la Roma antigua que en la Europa medieval, porque en Roma había alcantarillado y la gente tenía la costumbre de asearse, así que las enfermedades infecciosas transmitidas por agua contaminada o pulgas (tifus, peste) eran mucho menos frecuentes que en la Europa cristiana de mil años después, cuando el cuidado atento del cuerpo se consideraba pecaminoso. Cicerón y sus contemporáneos tenían tiempo, igual que nosotros, de sobrepasar los treinta y tantos años de edad e incubar una midlife crisis.
Según hemos discutido en el Instituto de psicoanálisis, la midlife crisis, que puede ser muy aparatosa o pasar casi desapercibida, se inicia en ese momento en que uno se da cuenta de que el tiempo que queda por vivir es más corto que el tiempo vivido. No será posible ya alcanzar algunas de las metas anheladas en la juventud. La fuerza y la belleza del cuerpo van cuesta abajo, las pérdidas irreparables se acumulan. La muerte propia no es ya una posibilidad remota, sino una certeza.
A los 62 años, Cicerón ya había experimentado todo esto, pero no quiere hablarnos de ello. Quiere refugiarse en los ideales de la Roma de dos siglos atrás para consolarse de la irremediable descomposición de la República, y de la soledad en que lo han dejado su divorcio y la muerte de su hija más querida. En De Senectute, quien ha ejercitado siempre la memoria y la capacidad intelectual las conserva íntegras. La salud no sufre con la edad, si se han evitado los excesos y se cultiva la templanza. La autoridad y la influencia política no tienen por qué perder su fuerza, si quien las detenta es de carácter disciplinado y sólido. A cambio de los placeres sensuales, que se apagan al pasar los años, el viejo goza cultivando las mentes de los jóvenes que le piden consejo y cuidando los árboles de su huerto.
Cicerón no tuvo tiempo de retirarse a su casa campestre. Su útimo año de vida, muy agitado, se le fue intentando lograr un equilibrio entre facciones políticas contrarias. Murió a los 63 años de edad, asesinado por órdenes de Marco Antonio.

CICERON, Cato Maior De Senectute. Édition bilingue Les Belles Letres, 2008.
EVERITT, Anthony (2001) Cicero, The Life and Times of Rome’s Greatest Politician. Random House.

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