La anorexia en el S. IV

“El ayunar era para ella un juego, y el hambre su alimento. Y como no era el deseo de la comida, sino la necesidad de la naturaleza lo que le movía a alimentarse, se limitaba a tomar un poco de pan con sal y agua fría (…) Siendo así que a lo largo de todo el año se alimentaba con un continuo ayuno, permaneciendo sin tomar nada dos y aún tres días…”

Así escribe San Jerónimo en su elogio de Asela, que vivió en Roma en el S. IV. No quiso casarse y pasaba los días recluída, sin casi ver a nadie, ayunando y orando. Después de su muerte se le veneró como santa. En aquellos tiempos, las jóvenes ayunaban para conquistar el Cielo.

Amemos mucho el ayuno – les dice San Atanasio a las jóvenes monjas-, por el ayuno y la obediencia penetrarán los que quieran en el paraíso. (…) Si algunos, pues, se te acercan aconsejándote que no ayunes con tanta frecuencia, porque de lo contrario te vas a debilitar, no les creas ni sigas sus consejos. El enemigo es quien los envía.

En los escritos de los ascetas cristianos hay un gran énfasis en la disciplina y el control de las pasiones como medio para lograr la perfección. El ayuno, al debilitar al cuerpo, atenuaría los deseos terrenales y pondría la perfección al alcance de quien lo practicara sin desfallecer en su empeño. Hoy en día muchas jóvenes eligen vivir así, sin la justificación religiosa, pero en la misma denodada lucha tras el ideal. Véase por ejemplo Ana y Mía… En busca de la perfección , blog que tiene 945 seguidoras. Ahora se aspira a la pasarela de la moda, hace 17 siglos a los altares: diferentes envolturas para conductas muy semejantes.

Por eso no me convencen quienes piensan que la proliferación de los trastornos de la alimentación se debe al uso propagandístico de las imágenes de delgadez extrema. La causa habría que buscarla no en las racionalizaciones de los ayunantes, sino en el complejísimo y aún misterioso control del peso corporal, el gasto energético y el apetito. El terreno es muy extenso. Cada tribu psi trabaja su parcela: los psicoanalistas escudriñan las fantasías inconscientes de la anoréctica en torno al alimento, los terapeutas cognitivo-conductuales predican la rectificación de las distorsiones en la percepción del cuerpo, y los psiquiatras biológicos trazan el mapa de las vías de acción de la leptina y las melanocortinas.

Aún no sabemos exactamente qué sucede en estos casos, tan difíciles de tratar. Pero sí, al menos, que nadie se gana el cielo ayunando.

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